jueves, 8 de julio de 2010

Escuchando a Leonard Cohen, o sobre el estar sentado sobre tu propia sombra.

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Hasta hace apenas unos años, nunca supe qué decían las canciones de Leonard Cohen. Tampoco es que lo escuchara mucho, pero me habían llamado la atención algunos temas y reconocía algunas pocas palabras –mi conocimiento del inglés es bastante precario- y suponía que eran temas interesantes, en los cuales, aparentemente, la letra era lo principal.
Pero lo cierto es que al conocer realmente lo que decían muchos de sus temas, la palabra interesante, se hacía demasiado mínima para intentar describirlos: sus canciones eran mucho más que eso, sus letras eran en ocasiones realmente profundas, cuidadas, exactas. De hecho, quizá sean las mejores letras que me ha tocado escuchar, o si no, al menos, las que más profundo me han calado… y las que mayor cantidad de correspondencias y lazos, han establecido conmigo.
Este año no he dejado de escucharlo, de leer las traducciones, o hasta aventurarme a traducir yo mismo alguna, y es que de cierta forma este año he necesitado esas correspondencias que a veces también son soportes sobre los cuales es necesario afirmarse.
Porque Cohen sabe conducir a través de sus canciones por rutas que pueden llevarte a un lugar mejor, y a la vez, saben recogerte en el punto exacto en que te encuentras caído, y tenderte una mano, cuando te es difícil levantarte por ti mismo.
Además de eso, por supuesto, Cohen sabe realmente escribir, sabe lo que significa escribir, sabe trabajar con sus palabras hasta hacer que sean las precisas, las necesarias… las irremplazables.
En este sentido, creo que Cohen es de los pocos compositores que han sabido transformar las letras de sus canciones, en verdaderas obras de arte. (Mucho más que con sus textos poéticos no musicalizados, que creo no alcanzan ese nivel, al menos en los que podido leer hasta el momento)
Asimismo, el camino a través del cual se convierten en obras de arte, no es un camino que se siga con ese objetivo. Me explico, Cohen no parece tratar de construir una obra de arte, sino que busca ser exacto con la verdad de aquello que nos habla, aún a precio de abandonar muchas de sus obras a medio camino, por amar más aquello que tiene que decir, que aquello que se construye muchas veces dejándolo de lado. O como se desprende de una de sus canciones: es sólo al abandonar aquello que creíste tu obra maestra, como te sumerges en tu verdadera obra maestra…
Y es que Cohen denuncia en sus canciones una serie de hundimientos, una serie de hermosos fracasos –como se titula además uno de sus mejores libros-, que si bien todos conocemos, y convivimos con ellos a menudo, suelen irradiar a partir de los textos de Cohen, cierta luminosidad especial que no alcanzamos a apreciar totalmente por nosotros mismos.
Porque si bien, todos sabemos que el barco se está hundiendo, -como más menos dice en una canción-, no todos sabemos que el capitán mintió… Pues bien, Cohen además de denunciar el hundimiento, denuncia la mentira del capitán, la caída y el error de aquel que nos comandaba de aquel en cuyas manos habíamos depositado la confianza para que guiara nuestro rumbo.

Me gustaría aquí poder transcribir la letra de una de las canciones de Cohen, una de las que quizá me hacen más sentido, quizá porque me ayudó a comprender varias cosas importantes para seguir adelante en algún momento… se llama:

El traidor

El Cisne flotaba en el río inglés.
La rosa del Gran Amor se abría completamente.
Una mujer broceada se pasó todo el verano
Bostezándome…
Y los jueces son observaban desde la otra orilla.

Le dije a mi madre:
“Madre, he de marcharme.
Conserva mi habitación,
pero no derrames ni una lágrima.
Si te han legado rumores de un vil desenlace,
Fue mía la mitad de la culpa,
la otra mitad de lo que había en la atmósfera”.

Pero contagié a la rosa de una extraña enfermedad
Y tenté al Cisne con sensación de vergüenza.
Al final ella me dijo que era su mejor amante,
Y que si se marchitaba, la culpa sería mía.

Los jueces dijeron:
“Fallaste por muy poco.
Levántate y prepara tus tropas para atacar”.
Los soñadores cabalgan
Contra los hombres de acción,
Mira como los hombres de acción
retroceden.

Pero me entretuve en sus piernas un momento fatal,
besé sus labios como si aún estuviera sediento,
mi falsedad me picó como un avispón,
el veneno entró y paralizó mi voluntad.

No pude moverme
para avisar a los soldados más jóvenes
que habían sido abandonados por su superior,
de modo que en los campos de batalla
desde aquí a Barcelona,
estoy en la lista de los enemigos del amor.

Y hace mucho tiempo ella me dijo:
“Debo marcharme,
pero puedes conservar mi cuerpo para estirarte encima,
puedes moverlo arriba y abajo y, cuando esté dormida,
pon un alambre a la Rosa y da cuerda al Cisne”.

Así que cada día cumplo mi ocioso deber,
la toco aquí y allá, conozco mi sitio,
beso su boca abierta y alabo su belleza,
y la gente…
me llama Traidor, a la cara.

Recuerdo que la primera vez que realmente escuché esta canción fue en un documental sobre Cohen y esta canción era interpretada excelentemente por una cantante llamada Martha Wainwright. Recuerdo que esa vez vi la interpretación sin contar con los subtítulos de la película, pero sinceramente, creo que entendí cada cosa que luego pude comprobar que ahí se decía. Y esa sensación de cierta forma me ayudó a comprender algunas cosas.
Hoy, que consigo una versión con los subtítulos, veo que el mismo Cohen habla sobre esta canción:

“Esa canción trataba de la sensación de haber traicionado esa misión que tenías encomendada y ser incapaz de cumplirla. Pero entonces comprendes que el verdadero mandato no era cumplir esa misión. Que el valor más profundo era mantenerte sin culpa… “

Hoy, mientras escribo esto, intento entender aquel comentario… trato de sentir como esa culpa o tristeza o como queramos llamarle, tras haber fracasado en algo que sentimos debíamos hacer, puede en realidad ser aquello mismo que nos redime. Entender que no pudimos, simplemente, que lo intentamos, pero que fuimos incapaces de cumplirlo.
Y desde ahí, desde ese reconocernos, poder levantarnos nuevamente.
Y es que Cohen suele estirarte la mano de vez en cuando, como decía antes, y hasta a veces te regala algún secreto, te dice por ejemplo que es justamente por esa grieta que el dolor hace surgir en todas las cosas… que es justamente por esa grieta, por donde la luz ingresa hasta nosotros, o hasta aquello que nos rodea.

Y sí, hoy escucho a Leonard Cohen y es como estar sentado sobre mi propia sombra, es decir, la luz me llega justo desde lo alto, y uno hasta puede levantar el rostro, y dejar que esa luz te toque, te acaricie, e ingrese.

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Aquí les dejo el link para descargar el documental de un concierto homenaje que se hizo a Cohen, más algunos comentarios del propio cantautor. (Está en un link donde viene película en AVI y subtítulos sincronizados):
http://letitbit.net/download/2471.dcb2ef473232d6718d4ce523c/LC___Im_Your_Man__2005_.rar.html

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1 comentario:

  1. http://www.youtube.com/watch?v=OdCDCMX_zZo

    Nada mas...

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