miércoles, 31 de octubre de 2018

Un vecino como un personaje de Daniel Clowes.


I.

Un vecino como un personaje de Daniel Clowes.

Saca a pasear a su perro hasta que un día se lo roban.

Lo había dejado fuera de un negocio, amarrado con su correa.

Luego de comprar observa que está la correa, pero el perro no se encuentra.

Regresa a casa con las compras y la correa, pero sin el perro.

Había comprado, justamente, comida para su animal.


II.

Mi vecino me pide ayuda para hacer avisos y encontrar al perro.

Él trae una foto en que está el perro frente a una torta de cumpleaños.

-Es de cuando cumplió tres –me dice.

La torta tiene forma de hueso y es, según me explica, una especie de pastel de carne.

-Era su mayoría de edad –agrega-, si calculamos en años perro.


III.

En el aviso ponemos la foto, los datos de mi vecino y se anuncia una recompensa.

En ña parte baja, además, mi vecino coloca un mensaje señalando que, si alguien lo tiene y no quiere devolverlo, pueden contactarse con él para saber los gustos del animal.

Además ofrece entregar un poco de comida y sus juguetes favoritos.


IV.

Días después aún no ha encontrado a su perro.

Sin embargo, lo han llamado dos personas diciéndole que ellos tienen al animal y necesitan que deposite dinero para la comida.

Por las dudas, mi vecino dice que les va a depositar, pero solo la mitad.

-Con eso tienen comida como para seis meses –me dice.

También me cuenta que lo llamó una mujer y le dijo que la foto era muy tierna, pero no accedió a juntarse con él, cuando este la invitó.

Si no encuentra al perro, mi vecino dice que planea comprarse una tortuga y comenzar, por otro lado, una colección de cactus.

martes, 30 de octubre de 2018

Una pastilla verde para el dolor de muelas.


Tomo una pastilla verde para el dolor de muelas.

Una hora después tomo otra.

Así durante seis horas, hasta que comienzo a olvidar cuántas he tomado.

Me confundo.

A veces hasta deliro un poco.

Y es que no duermo cuando tengo dolor de muelas.

De hecho, me es imposible no pensar en que esas muelas quieren salir desde hace años y luego, extrañamente, terminan cediendo.

Por lo mismo, suelo tomarme esto como una batalla personal.

Casi siempre una batalla sin enfrentamientos directos.

De desgaste más bien.

De asedio.

Una vez, sin embargo, recuerdo haber hecho un corte yo mismo e intentar arrancarla.

Fue hace un par de años y el asunto se complicó pues estaba de vacaciones en un lugar aislado donde era imposible tener atención médica.

No dejaba de sangrar y me sentía algo débil, y no logré encontrar una herramienta que me permitiera arrancar la muela de cuajo… aunque de todas formas lo intenté con lo que tuve a mano.

Tuve esa vez una infecci´´on que me duró semanas.

Luego, como siempre, la muela que urgía por salir volvió a retroceder y a darme una tregua.

Aunque claro, hace unos días regresó el ataque.

Ella no me deja dormir y yo combato con las pastillas verdes.

A veces pienso que ni siquiera se trata de una muela.

Me refiero a que la muela es empujada por algo que es, en definitiva, el verdadero rival.

Y ese algo es el mismo que te empuja de a poco hacia la muerte y juega un poco pues sabe que tú aguantas.

Casi siempre aguantas.

Y es que un dolor que genera un cuerpo debiese poder ser tolerado por el propio cuerpo.

Esa es mi lógica.

En una hora u media debo levantarme para ir a trabajar.

Tomo otra pastilla verde y no dejo de sentir el dolor.

Todo debe tener algún sentido.

lunes, 29 de octubre de 2018

Malú tiene un poder especial.


I.

Ella tiene cuatro años y me cuenta que tiene un poder especial.

Estamos en 1997 y yo asisto de voluntario a un lugar donde ella se queda, con su hermana.

Me toma de un brazo y me lleva lejos de las otras niñas. Luego se acerca a un perro grande, que está durmiendo.

Mira mi poder, me dice.

Entonces, se inclina donde duerme el perro y con una mano le toca la cabeza, hasta que el perro se despierta, y se levanta.

¿Lo viste?, pregunta.

Y claro, antes de poder contestar ella misma me explica que puede despertar a los muertos.

Si están recién muertos yo puedo, me explica.


II.

Otro domingo la veo usar el poder con su hermana.

Por lo general la hermana duerme un poco más, y se queda en la cama.

Entonces Malú –así se llama la que tiene el súper poder-, me lleva hasta donde duerme su hermana.

Casi todos los días la revivo, me dice.

Y es justo lo que hace ahora.

A veces la dejo un poco, pero me da miedo quedar sola.

En los días de semana estaría siempre sola.


III.

Stephanie –así se llama la hermana que carece del súper poder- tiene dos años más que Malú.

Malú tiene cuatro y Stephanie seis.

Malú tiene el pelo negro y es crespa y Stephanie el pelo más claro, mayormente liso.

¿Quieres morir y te revivo?, me dice Malú, un domingo.

Yo acepto y me tiendo en el suelo, sobre el cemento.

Entonces Malú pone una de sus manos sobre mi cabeza y yo revivo.

Tú no sabes que moriste de verdad, pero yo sí, me dice.

Deberías aprender por si me pasa a mí.


IV.

Nunca comprobé si aprendí el súper poder.

Dejé de ver a Malú y a Stephanie de golpe, sin decirles que no volvería.

Stephanie no esperaba nada de nadie, pero Malú esperaba que yo estuviera ahí, para revivirla.

A veces, en la noche, sé que ella duerme en algún lugar y extiendo una de mis manos, para revivirla a distancia.

Confío, sinceramente, que eso sirva para algo.

domingo, 28 de octubre de 2018

La rabia que nos mantiene vivos,


La rabia que nos mantiene vivos, dijo.

A eso debes darle gracias.


Que brote Dios como espuma en la boca.

Y las palabras como dientes se entierren en tu carne.


A eso debes darle gracias.

No agradezcas la luz.

No agradezcas al amor que adormece la sangre.


Y es que llenar el espíritu, es siempre enterrar el espíritu.

Ruega más bien por la noche, por la oscuridad y por el frío.

Recuerda que el hambre es siempre la sensación más pura.


A eso –y nada más-, debes darle gracias.

Huye del aliento que apaga el fuego.

No escuches a aquellos que hablan del perdón.

Clava en un madero tu esperanza.


Busca de esta forma las verdades que nadie quiere ver:

Todo combustible existe para arder.

Y la piel del hombre para ser desgarrada.


Hunde tus manos en la tierra.

Pregúntale a ella si es cierto.

Y la voz de los muertos ascenderá hasta ti, como un brote negro.


Nadie nunca saldrá de este lugar.

Nadie nunca vendrá por ti.


La rabia que nos mantiene vivos, dijo.

A eso debes darle gracias.

sábado, 27 de octubre de 2018

Olvidar a los muertos.


I.

Hay que olvidar a los muertos.

Pueden decir lo que quieran, pero ellos lo querrían así.

No importa el muerto.

No importa si en vida te repiten una y otra vez que ellos viven en el corazón de los otros.

Esa es publicidad barata.

Hay que hacerlos a un lado, sin más.

Dejarlos bajo tierra.

O vaciar las ánforas como ceniceros sucios.

Olvidar a los muertos, en definitiva.

Cargar con únicamente con nuestra propia vida.

Y nuestra propia muerte.


II.

Hay que olvidar a los muertos.

Tachar sus nombres.

Quemar las flores que alguien dejó sobre sus tumbas.

Nada de reutilizar sus nombres, o de luchar por herencias que solo nos amarran.

Deja que se vayan, que sean libres.

Estoy seguro que ellos no descansan, hasta que logramos olvidamos.


III.

Debe ser hermoso, ser olvidado.

Yo querría de hecho, de morir, que mi hijo me olvidara.

Que su corazón sea para sí mismo y para otros vivos.

Que vaya hacia ellos, sin más.

Que no cargue con un peso que no le pertenece.

Que las lágrimas borren mi rostro de su memoria.

Que la tristeza sea breve para no cerrarle la puerta al mundo.

Que lance un grito y me deje ir.

Eso ocurre cuando el dolor es puro.

viernes, 26 de octubre de 2018

La persona indicada.


Leo sobre un tipo que hace esculturas en pastillas.

Pequeñas esculturas, claro.

Todas ellas en pastillas que, de alguna forma, se relacionan con la figura creada.

La mayoría de las esculturas, según señala el texto, desarrollaban profundas observaciones al hombre de hoy.

Y los tipos de pastillas más usadas son antidepresivos, antipsicóticos y otras que van por esa línea.

El hombre expuso en varias oportunidades en Londres, aunque lo cierto es que sin gran repercusión.

Afortunadamente –dice él, en el texto que leo-, a la exposición llegó la persona indicada.

Esa persona, observó las esculturas, a través de las lentes dispuestas, y luego pidió hablar con el responsable.

El escultor dice que se asustó al escuchar aquello.

Y es que no habían pedido hablar con el artista, sino con el responsable.

Tras demorar un poco la reunión, el escultor dice que se juntaron en un pub, a pocos pasos del  lugar donde exponía.

Y resultó que el tipo aquel era el representante de un importante laboratorio farmacéutico que buscaba innovar en sus productos.

Pocas semanas después, el escultor –que ya no le molesta que le llamen el responsable-, firmó un contrato millonario por sus diseños para la comercialización de las pastillas.

Comenzaron con unas alternativas al viagra y poco a poco han ido aumentando la variedad de sus productos, teniendo muy buena recepción.

Los índices de suicidio, además, por ingesta de estas pastillas “con diseño”, es la más baja si se compara con la de los otros laboratorios.

Se supone que es bueno.

jueves, 25 de octubre de 2018

Santa cuando no es navidad.


¿Santa cuando no es navidad…?

Yo supongo que sigue siendo Santa.

Se debe cuestionar cosas, claro, como todos.

Pero no se debe sacar el traje ni por si acaso.

Y es que Santa sin traje y sin navidad… eso sí que debe ser complejo.

Porque no me vengan con que supervisa o que alimenta a los renos.

Para eso subcontrata, estoy seguro.

Además creo que hasta los duendes están importando desde China y se dedican más bien a especular en la bolsa.

Derechos de imagen, recolección de datos, estudio de rutas… para todo eso hay especialistas.

Santa no hace una mierda, estoy seguro.

Tal vez juegue lol, esté suscrito a Netflix o sea un masturbador compulsivo.

Poco más le debe quedar por hacer, después de tantos años.

No me estoy proyectando, por si acaso.

Pero debe de pensar, supongo, si tanto regalo ha servido para algo.

O cuántos de esos chicos siguieron siendo buenos.

Y claro… podría decir acá “¡Pobre Santa!” y compadecerlo por su suerte.

Pero no voy a elegir esa ruta tan esquiva.

Y es que Santa es un hueón cobarde, simplemente.

Santa cuando no es navidad, me refiero.

Un hueón cobarde como todos, salvo que en rojo y con una barba bien cuidada.

Practicando el “¡jo jo jo!” frente al espejo.

Eso es Santa cuando no es navidad.

Jo, Jo, jo.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Hasta la satisfacción del corazón, pero no más allá.


La frase de título es de Epicuro.

La dice en relación a los distintos placeres que distingue para explicar su doctrina.

Para entenderla hay que recordar que Epicuro distingue esencialmente tres tipos de placeres:

En primer lugar los placeres naturales y necesarios, asociados a la existencia física del ser, que no pueden dejarse de lado si se quiere asegurar la sobrevivencia.

En segundo lugar los naturales e innecesarios, que suelen darse en relación a los otros, ya sea a través de una conversación agradable, la contemplación artística y/o la gratificación sexual.


Por último, los innaturales e innecesarios, que se relacionan por ejemplo con la fama, el poder político y con cualquier otras acción que  revela cierta superficialidad y que nos son esenciales al ser humano.

Ahora bien, lejos de profundizar en ellos o en otros aspectos de su doctrina, me gustaría de momento aclarar que la frase del título hace referencia al segundo de estos placeres.

Y es que, según Epicuro, la medida en que los placeres innecesarios son "válidos" y conducen a la felicidad, está determinada por el no abuso de ellos. De esta forma (para reconocer finalmente cuando comienza el abuso) debemos estar atentos con nuestro propio corazón, aprendiendo a reconocer el momento en que se siente satisfecho, y no ir más allá.

¿Se puede hacer eso?, pensaba mientras leía a Epicuro.

Tras pensármelo un rato decidí que sí. Que era posible. Aunque para esto, no solo debemos saber detectar la satisfacción de nuestro corazón, sino también tenerlo en buen estado, para que actúe con sensatez y sepa reconocer con claridad aquello que le satisface.

Un verdadero desafío.

martes, 23 de octubre de 2018

Fragmento.

Ella escribe un trabajo y yo pongo acá un fragmento:
_________

Siempre quise tener un perro que se llamara Epicuro. Pero no un perro cualquiera. Yo quería un perro que se sentara frente a mí y me hablara de tú a tú, sin tapujos. Cuyo nombre fuera Epicuro no porque yo se lo puse sino porque él lo eligió. O porque no tuvo elección más bien. Porque se sabía Epicuro, me refiero. Y saberse no es poca cosa. Entonces nos sentaríamos sobre el pasto y Epicuro me haría la vida más fácil con unas cuantas palabras:
-El fin de la vida humana es procurar el placer y evadir el dolor –me diría, como primera cosa.
Y hasta los papeles se invertirían pues yo exclamaría “Guau”, asombrada.
Entonces él tomaría confianza y me explicaría unas cuántas otras cosas que yo anotaría en una libreta que tampoco tengo y que me gustaría tener, con una letra ídem.
Luego las numeraría:
1. La sensación es la base de todo el conocimiento.
2. Las sensaciones producen placer o dolor, experiencias cuyas huellas generan sentimientos, que son la base de toda moral.
3. El contrapeso ético del placer es el miedo, que debe ser evitado.
Luego Epicuro se quedaría en silencio un momento y yo también.
Nos quedaríamos en un silencio pacífico, por cierto, porque una verdad importante habría sido dicha.
No creo que sea tan difícil.
No pido un Dios ni una vida eterna ni que los seres amados se queden con nosotros para siempre.
Pido un perro que se llame Epicuro, y que no tema hablarme, y hablarme con la verdad.
__________

lunes, 22 de octubre de 2018

Como un coágulo.


No lo hago a propósito, pero a veces soy como un coágulo.

Caminando, entre la gente, fluyo con ellos de lo más bien hasta que de pronto despierta en mí esa naturaleza de coágulo, y me detengo de improviso.

Entonces la gente que fluía conmigo se detiene también y comienza a aglomerarse buscando cómo hacer el quite a ese coágulo que se ha puesto justo por delante y que se ha interpuesto en el proceso de circulación.

Lo mismo me ocurre a veces en conversaciones o en una serie de situaciones que, de revelarse de pronto con un ritmo constante, me llevan a ese detenimiento abrupto, justo en medio de una frase o de un paso. Justo como un coágulo.

El concepto de coágulo, por lo demás, puede tomarse literalmente ya que resulta indudable que la desesperación que me lleva al detenimiento se origina al sentirme parte del funcionamiento de un organismo ante cuya naturaleza me rebelo.

Y es que no quiero ser parte de la existencia de algo cuya vida no me parece digna. Principalmente porque no reconozco en ella significado alguno, y esa falta de dirección hace que me sienta como si alimentase, con mis acciones, a un ser que permanece, al menos, en estado vegetativo.

Y claro, es entonces cuando me transformo en coágulo y viene uno  a interrumpirse golpe.

Así, sin más, justo en medio de una fra

domingo, 21 de octubre de 2018

Marcos en el ring.


Creo que ocurrió en el 2008.

Diseñamos el traje, conseguimos una máscara e inscribimos a Marcos para un torneo amateur de lucha libre.

Había casi 70 inscritos y los rivales se decidían a partir de un sorteo que se hacía justo antes de subir al ring.

Poco antes de pelear, también, los participantes debían firmar un acuerdo en el que asumían toda la responsabilidad ante una posible lesión.

Recuerdo que a Marcos le tocó pelear en primera ronda con un tipo de barba que se hacía llamar “Segunda inquisición”, que llevaba una cruz al cuello y un short púrpura.

Se podían utilizar unas sillas de lata durante la pelea y todos los inscritos recibieron una clase de cinco minutos para explicar el tipo de golpes permitidos y no dañar al rival.

Marcos, por cierto, estaba algo borracho y vestía una máscara café y un traje gris con una especie de caparazón, que habíamos sacado de un disfraz que arrendaban para una obra de Kafka.

Su nombre de batalla era “Chanchito de tierra”, y le dijimos que ante cualquier problema se hiciera bolita en el suelo y nos dejara el resto a nosotros.

El punto es que a los dos minutos de batalla Marcos nos hizo caso y se hizo bolita y empezó a rodar por el ring.

Segunda Inquisición se demoró en reaccionar y cuando lo hizo ya habíamos sacado suficientes fotos, así que le gritamos a Marcos que se rindiera, que con eso bastaba para ganar la apuesta.

Marcos sin embargo siguió en su personaje hasta que detuvieron la pelea porque Segunda Inquisición le había dado unas patadas directas en la cabeza, produciéndole un corte.

De hecho, Segunda Inquisición fue descalificado por esos golpes, y declararon a Chanchito de tierra como ganador de la pelea.

Marcos no podía creerlo cuando se lo dijimos en el hospital

La apuesta que ganamos alcanzó justo para pagar su atención, aunque no cubrieron las secuelas.

Para nuestra tranquilidad queda el que Marcos se enorgullece hoy de su hazaña.

De hecho, ninguno de nosotros, aunque caminemos derecho, tenemos una historia como esa para contar.

sábado, 20 de octubre de 2018

Juan se destapa cuando duerme.


Desde pequeño, Juan se destapa cuando duerme, sin razón alguna.

No parece algo importante, pero lo cierto es que una serie de resfríos y otras complicaciones lo aquejaron desde pequeño a raíz de esta conducta.

Es por esto que fueron tomando varias medidas hasta terminar por hacerlo dormir en un saco para acampar, con amarras de seguridad.

Más grande, optó por climatizar el dormitorio, pero lo cierto es que nunca superó su problema.

Años después, ya en pareja, debió dormir en camas separadas, simplemente, para no incomodar a su esposa.

Hoy, cuando habla sobre el tema, lo aborda como una anécdota sin mayor importancia, aunque lo cierto es que ha comenzado a asistir a sesiones con un psiquiatra, para superar de una vez la situación.

El siquiatra lo deja hablar, en las sesiones, pero no da luces de llegar a una solución.

Entre otras cosas, le pide a Juan que le hable de los sueños y hasta le entrega una libreta para que los anote en ella.

Es así como Juan pasa dos semanas intentando anotar sus sueños, al despertar, hasta que cae en cuenta que nunca sueña.

Lo único que hace, mientras duerme, es sacarse de encima la ropa de cama que tiene encima, desde hace más de treinta años.

¡Qué decepción…!

Ni siquiera da para escribir una historia interesante sobre él.

Olvidémonos, mejor, de Juan.

viernes, 19 de octubre de 2018

Niebla


I.

Vivía en un cerro, alejado del pueblo que estaba más abajo.

Sobre el cerro, todas las mañanas había una gran niebla.

Y como a él le gustaba la niebla y le gustaba también levantarse temprano, ocurría que subía a la cima de aquel cerro, para estar en el centro mismo, de la niebla.

No era una mala forma de comenzar de día, pensaba.

De hecho, en el peor de los casos, podía volver y esperar hasta la mañana siguiente y volver a empezar desde el mismo punto.


II.

Ocurrió entonces que durante un tiempo la niebla comenzó a bajar de la cima, y se instaló en el sector en que vivía el hombre.

Es decir en la zona media del cerro, lo suficientemente alejado del pueblo y a medio camino de la cima de una montaña.

En principio pensó que la situación sería mejor, pues él pensaba ser, sin duda, un hombre que disfrutaba la niebla.

Lamentablemente al tener la niebla cerca, tuvo que revisar aquello en que supuestamente creía y debió admitir que lo que le gustaba realmente no era la niebla.

Tal vez lo que me gusta sea en realidad subir hasta la cumbre, pensó el hombre.

O tal vez alejarme más del pueblo, pensó después.

O tal vez alejarme del hogar, pensó al final.

jueves, 18 de octubre de 2018

Sin ojales.


Atrasado, me vestí de prisa para ir a trabajar.

Como no encontré camisa me puse una nueva que me había regalado mi hermano.

Ni siquiera la había planchado, pero al menos se trataba de una camisa limpia.

Me disponía a abrocharla cuando me di cuenta que no tenía ojales para los botones del torso.

La hora avanzaba y ya era seguro que no llegaría a tiempo al trabajo.

Se trataba de una situación un tanto absurda, pero no tenía tiempo para pensar.

Busqué un cuchillo en la cocina y me dispuse a hacer los ojales.

No resultaba algo sencillo, sobre todo porque tenía la camisa puesta y el tiempo seguía, por supuesto, avanzando.

Así, resultó que termine presionando la camisa contra mi cuerpo y hundí el cuchillo para hacer los ojales.

Siete veces hundí el cuchillo.

La sangre manchó de inmediato la camisa, pero al menos había solucionado el asunto.

La corbata había dejado de combinar, pero pensé que era lo de menos.

Tomé mis cosas y salí hacia el trabajo.

Corrí hacia un taxi y le di la dirección.

Creo que le manché el taxi a aquel tipo.

Mareado, bajé del taxi y me dirigí hacia el reloj control.

Solo fueron dos minutos de atraso, me dije.

No recuerdo qué pasó entonces.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Mal armé mi vida, Mallarmé.


I.

Los japoneses inventan un dado que, tras ser lanzado, no deja de rodar.

Creo que tiene un peso interno que desequilibra constantemente al objeto impidiendo que se estabilice y quede en reposo.

Mallarmé habría estado feliz, de cierta forma.

Un poco como esos dados.


II.

La palabra feliz no debe quedar en reposo.

Se agrieta, se pudre y nos hace desconfiar de nosotros mismos.

Nosotros, sin embargo, no somos palabras.

Por esto, toda desconfianza resulta injustificada.

No somos palabras, repito.

Y tampoco somos dados.


III.

Los japoneses llevan la tecnología de esos dados a unos trajes para humanos.

Los usan en un  programa de concursos que dan por televisión.

Entonces los participantes son echados a rodar en una pista gigante llena de obstáculos.

Intentan detenerse sobre unos premios, pero les imposible en lo absoluto.

Poco más de trece horas seguidas ha sido lo que estuvo rodando una persona con esos trajes.

La tuvieron que detener pues se detectó una emergencia cardiaca.


IV.

Mal armé mi vida, Mallarmé.

Y lanzo los dados con la esperanza de ser yo el arrojado por ellos.

Y los japoneses inventan cosas y hasta un dios de neón.

Y tú juegas  a creer y a no creer, mientras te arreglas el bigote.

¡Si hasta el amor es una palabra Mallarmé…!

¡Qué ganas tengo de creer en algo…!

martes, 16 de octubre de 2018

Algo así como un enano.


I.

-¿Y tú decís que veís un enano? –me preguntó.

-No un enano –intenté explicar-. Un hombre pequeño.

-Un enano po, hueón…

-No… Si lo fuera enano te diría, pero no es...

-¿Es adulto?

-Sí… O sea yo creo que sí.

-¿Y es chico?

-Sí po… Chico.

-Entonces es un enano po, hueón.



II.

-Se pone cerca de mí cuando escribo, principalmente –intento explicar.

-¿Y te lee las hueás que escribes?

-No… Mira de reojo, pero es como si vigilara…

-Mejor deja que te las lea… de más se va el hueón cuando lea tus mierdas…

-…

-¿O es que no te has dado cuenta que hace como tres años que escribís como el culo?

-Pues hace tres años que está ese hombre pequeño, dando vueltas.

-¿El enano?

-No es enano, hueón… No sé describirlo bien, pero no es enano. Ahora mismo está aquí y me observa. No me deja hablar de algunas cosas.


III.

-Así que entonces escribís mal por culpa del enano –me dice.

-No es solo mal… -admito.

-Entonces estamos de acuerdo –me dice-. Es muy mal… como la mierda… Ya te lo había dicho…

-No me refiero a eso. No es solo escribir mal. porque en el fondo es no escribir... Desaparecer tras el texto o a lo más hacerlo en clave... Alguien envió a ese ser pequeño y no se va…

-¿Y acaso no has visto en los bares eso del lanzamiento del enano…? No crees que es una ventaja el que sea enano…

-No sé… No creo que pueda lanzarse hacia ningún sitio… además ya te he dicho… no es un enano…

-Pues si no es un enano es una excusa con forma de enano.

-No es tan simple, hueón… Este tipo es real… Sé que está acá…

-Pues tú también estás acá. compadre… No te olvides de eso. 

-Es que ese es el problema... No estoy acá.

-Pues ya va siendo hora que aparezcas -me dice-. Tienes que recuperar tu sitio.

lunes, 15 de octubre de 2018

Cuando se trata de agua.


Todo estaba lleno de agua porque se descongeló el refrigerador.

Y es extraño, pero no puedo molestarme cuando se trata de agua.

Limpio y seco las cosas.

Paso un trapo y la recojo con cuidado.

Hasta pongo música, para que sea más agradable.

Mientras lo hago, alguien me llama por teléfono.

Al parecer hubo un corte de luz largo por la noche y existen más consecuencias.

Aparatos eléctricos inutilizados por golpes de energía.

Un par de muertos en un hospital donde no funcionaron unos generadores.

Unos cuántos accidentes en las calles, por fallos en los semáforos.

Mientras me enumeran los problemas, se vuelve a cortar la luz.

Me recomiendan entonces desenchufar los aparatos eléctricos para evitar más daños.

Luego hay interferencia y se corta la comunicación.

Con calma, desenchufo los aparatos eléctricos.

Hay olor a quemado, de hecho, en el que estaba conectado un televisor.

También se ve negro el enchufe que está en el baño.

No me preocupo demasiado, sin embargo, y vuelvo a la cocina.

En el refrigerador, todavía quedan unos trozos de hielo, derritiéndose.

Aprovecho de retirarlos y vaciarlo por completo.

Lo envidio incluso, mientras lo veo, totalmente limpio y hasta con una luz dentro.

No debiese estar encendida aquella luz, pienso entonces, mientras lo observo.

Todo está tranquilo.

domingo, 14 de octubre de 2018

Ella estuvo en primera fila.


Ella estuvo en primera fila. Siempre  estuvo en primera fila. Compró su entrada apenas salieron a la venta y ahora ya está ahí. En uno de los conciertos anteriores se quedó hasta el final y logró llevarse las baquetas del tipo de la batería. Son baquetas iguales a otros miles de baquetas, pero al mismo tiempo son mucho más que aquello. Esta vez quiere alguna uñeta del guitarrista principal y ojalá algún papel, de esos en los que anotan el orden de las canciones y que tienen junto a los instrumentos. Luego de eso, piensa ahora, podrá simplemente ir a escucharlos. Además, esta vez, quiere sacarles varias fotos. Las suficientes para poder elegir e ilustrar un texto que más adelante publicará en la web, en una revista juvenil. Y claro, yo deberé entonces revisar aquel texto. Me pagan por eso, digamos y trato de hacer mi trabajo. Generalmente son solo aspectos de estilo y algún detalle de ortografía. Sin embargo, también hay ocasiones en que debo escribir el texto completo de conciertos u otros eventos en los que nunca he estado. Hasta el momento, por cierto, nadie se ha dado cuenta. De hecho ella misma, –la que ahora quiere la uñeta y el papel con los apuntes-, me ha preguntado en qué sector he estado, en ocasiones anteriores. Yo suelo decirle que en las primeras filas, y describo algún detalle para que los otros crean que es cierto. No me gusta mentir, pero si ella supiera la verdad tal vez cambiaría la forma en que vive estas experiencias. Y claro, prefiero que sea el tiempo y no yo quien se ocupe del desgaste. Sí, definitivamente: eso es lo que prefiero.

sábado, 13 de octubre de 2018

Sitio.


*
En medio de la noche escucho un sonido extraño fuera de casa. Como no es primera vez que lo oigo, me decido a ir en su busca. El sonido es similar al de unas campanillas, como esas que se cuelgan cerca de las puertas y que avisan la llegada de alguien, cuando las pasas a llevar.

*
Yo no tengo de esas campanillas. Si las tuviera podría pensar que es el viento, pero no es el caso. Además tampoco hay viento.  

*
Una vez abajo me percato que el sonido permanece, aunque a pequeños intervalos. Por lo mismo, aprovecho esos momentos para tratar de identificar el sonido. Finalmente, si bien me parece absurdo, descubro que el sonido parece venir de debajo de la tierra.

¨
Me paro entonces, en medio de la noche, sobre el lugar donde se escuchan las campanillas. Estoy a lado de un árbol, con los ojos cerrados, tratando de concentrarme en el sonido,  nuevamente. Esta vez, además de las campanillas, escucho la voz de un niño pequeño, aunque no distingo bien qué es lo que dice.

*
Me quedé en el patio, sobre el lugar de los sonidos, hasta que prácticamente amaneció. En ese tiempo, debo haber escuchado al menos cinco o seis veces las campanillas y la voz del niño. Justamente en la última oportunidad, escucho también una risa, junto con la voz. Entonces, no sé explicar por qué, levanto la vista y veo que un niño me observa, desde la ventana de mi cuarto. Da un paso atrás cuando se da cuenta que lo observo, pero ahí está. Me sostiene la mirada, incluso, como si aquel fuese en realidad su sitio.

viernes, 12 de octubre de 2018

Buscando petróleo.


Un amigo que tiene tres hermanos, prácticamente de la misma edad, me cuenta que de pequeños intentaron una vez encontrar petróleo. Creo que habían visto una película de un tipo que se hacía millonario de esa forma y les había dado por cavar en el patio de su casa. Así, con unas palas de juguete y alguna herramienta pequeña, estuvieron varios días haciéndolo a escondidas, mientras sus padres regresaban del trabajo. Para que no los descubrieran, por cierto, tapaban la excavación con unos cartones, pues querían, al parecer, darles una sorpresa a sus  padres.

No avanzaron mucho, por supuesto, ya que a los pocos días se encontraron con una capa de piedra contra la que poco pudieron hacer, deteniendo así su trabajo.

Lo que me llama la atención, sin embargo, es la conclusión a la que legaron, ya que mi amigo me cuenta que, al chocar con la capa de piedra, creyeron habían dado con huesos. Y no precisamente con huesos de alguien enterrado, sino con los huesos del mundo.

-Puede sonar absurdo –me dice-, pero estábamos seguros que habíamos chocado contra los huesos del mundo. Como si el mundo fuese un animal al que le hubiésemos hecho una herida, hasta llegar al hueso. Por lo mismo, volvimos a tapar aquella herida y hasta nos sentimos mal por lo que habíamos hecho.

Luego me cuenta otras historias de su infancia que poco me importan a lado de la anterior. Luego nos despedimos, y él se va.

jueves, 11 de octubre de 2018

Hablando de otra cosa.


¿Lo que me atraía de ella…? No sé. No era especialmente bonita. Tampoco simpática. Sus opiniones se parecían a las mías, pero no me apasionaban demasiado… ¿Qué me atraía de ella…? Lo he pensado varias veces y no estoy seguro… Tal vez era por su carácter… No sé cómo decirlo bien, pero daba la impresión de que creía en cosas. No en mí, claro. No en los sentimientos que supuestamente nos unían o en nuestra relación concreta… Pero daba la impresión de que creía en algo. Y eso la volvía firme. No enérgica, pero firme. Como si siempre fuese a estar de pie. En sus creencias, claro. Los demás, en cambio, estábamos condenados al derrumbe. Ella me mira y ve mis grietas, pensaba. Conoce mis fallas estructurales. Lo débil que me vuelven mis sentimientos, por ejemplo. La necesidad del otro. ¿Que si se trata de un tipo de atracción válida? Pues no entiendo bien la pregunta. No sé si una atracción es válida... Tampoco sé si es verdadera... Ni necesaria. O no para uno, al menos… Me refiero a que era atrayente que creyera en cosas. Y si puede considerarse valioso eso, es simplemente porque ella mostraba que había cosas en las que se podía creer. Fuera de nosotros, me refiero… No mostraba qué cosas eran esas, claro… Nunca lo supe y supongo que la clave no era saber qué cosas era… Lo importante era saber que había alguien que creía en algo… ¿Si eso podía considerarse amor o no…? Pues no lo sé, tampoco. Y de todas formas, en ese ámbito, no me interesa saberlo… Además estábamos hablando de otra cosa.

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