martes, 31 de diciembre de 2013

Un hueón en la maleta / Respirar hondo.

“-Y usted ¿es de por aquí?
-Yo sí, pero mi familia no.
-¿Está solo, entonces?
-No sé… algo así.”


-El año pasado vi a un hueón que sacaba a otro hueón de una maleta…

-¿Un muerto?

-No… Llevaba al hueón adentro, no más, y arrastraba la maleta…

-¿Y para qué?

-No sé po hueón, por eso me acuerdo… porque era raro.

-¿Y qué pasaba?

-Nada po, hueón… llevaba la maleta un par de calles, luego doblaba una esquina, se acercaba a una pared y abría la maleta.

-¿Y salía el otro tipo?

-Sí. Medio doblado primero, pero entonces se estiraba y era un hueón normal.

-¿Y después?

-La verdad no me acuerdo bien, pero supongo que cerraban la maleta no más, no sé… pero eran cosas normales… aunque me acuerdo eso sí que tomaba harto aire…

-¿Tú?

-No po, hueón… el otro hueón que iba dentro de la maleta… Se estiraba, abría los brazos, y respiraba harto, como profundo…

-Quizá se estaba ahogando el hueón.

-Quizá, aunque cuando salió se veía bien, tranquilo…

-¿Y de qué más te acorday?

-No sé, creo que nada más… pero con eso basta…

-¿Basta para qué?

-Pa contar la historia po, hueón… el hecho raro, la sensación… esa es la imagen de la hueá no más.

-¿Y me la contay para qué?

-No sé po, hueón… te la cuento no más.

-No te hagay el hueón… un hueón que lleva a otro dentro de una maleta y ese sale y toma aire… ¿pensay que no me doy cuenta?

-¿Acaso creís que estoy predicando?

-No… No predicando, pero algo parecido… Una hueá pa ti mismo, a lo mejor… porque también llevay un hueón todo doblado dentro de una maleta…

-¿Y al contarte la historia lo saco, según tú?

-No, ni siquiera eso… No te atrevís a sacar ese hueón, además va hecho un nudo…

-No voy a discutir.

-Sí sé… yo tampoco quiero…

-¿Un abrazo entonces?

-Ok. Un abrazo. Y respirar hondo.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Casi fábula.



Un hombre que vivía cerca del mar intentó matarse.

Creo que fue en una caleta, cerca de Puerto Montt.

Eligió para esto un método no del todo común.

Dicho método consistía en nadar derecho mar adentro, hasta que lo venciese el cansancio y entonces morir ahogado.

Lamentablemente, el hombre fracasó en sus tres intentos.

Y es que el mar devolvía siempre a orilla a aquel hombre, sin dejarle cumplir con sus propósitos.

La gente, en tanto, comentaba que siempre lo había intentado por razones diversas.

La primera vez fue por dinero, luego por amor y finalmente por desesperación.

Ignoro si era cierto, pero a mí me sonaba como a comercial de película.

El punto es que finalmente el hombre dejó de insistir y se dedicó a jugar cartas.

Comenzó a visitar casinos y jugaba todo su dinero al póker.

Una vez, incluso, salió en el diario porque ganó en el póker, un torneo importante.

Fue en esa misma oportunidad, de hecho, donde contó detalles de sus tres intentos de suicidio.

Relató así, por ejemplo, un extraño encuentro con una medusa, cada vez que intentaba matarse.

Así, explicaba que dicho encuentro era siempre su último recuerdo, antes que lo recogiesen devuelto en la orilla.

No sé nada más sobre su historia.

No hay metáforas.


domingo, 29 de diciembre de 2013

Microcuentos a la fuerza (cuentus interruptus)


“Eran argumentos fallidos,
abortos espontáneos
de realidad.
Ni siquiera tristes,
tal vez pésimos…
ciertamente reales”.
Otto Wingarden


*

Érase una vez una gallina que quería volar, pero no pudo.

*

Por años un niño desea con ansias un perrito; finalmente, le regalan un hámster.

*

Francisca le pide un autógrafo a su ídolo de infancia, pero él le dibuja un pico.

*

Un hombre pide un deseo a una estrella fugaz y no se le cumple.

*

Un profesor dice a sus alumnos que lean a Fante, pero el director lo contradice y leen a Coehlo.

*

Había una vez un hombre que se enamoró de una mujer que no lo quiso.

*

Gonzalo hace un gol extraordinario de chilena, pero lo anulan de inmediato.

*

Todo un país quiere acabar con la desigualdad, pero eligen de presidente a un multimillonario.

*

Una pareja viaja al Caribe una semana, y piensan que son felices.

*

Gabriela toma té con sacarinas porque quiere bajar de peso.

*

Marcos ve a su padre comprar el regalo que debe traerle Santa Claus.

*

Don Arturo se demora seis horas en regar el parque, luego se pone a llover.

*

Vian escribe todos los días, hace más de tres años, pero ya olvidó para qué.

*

No vivieron felices para siempre.

*

sábado, 28 de diciembre de 2013

El deshipnotizador.


-Lo escuchas venir, desde lejos, casi siempre anunciado por unos silbidos o pitos…

-¿Cómo un afilador de cuchillos?

-Claro… más o menos, pero lo importante es que lo oyes antes… apenas, eso sí… y hasta tiendes a olvidarlo, pero lo central es que se oye…

-¿Por qué dices que se olvida…?

-Es parte de la historia… él mismo lo dice… que su sonido se escucha, pero estamos programados para concentrarnos en otra cosa…

-¿Y él hipnotiza?

-No, al revés… deshipnotiza.

-¿Deshipnotiza?

-Claro… te despierta de la hipnosis. Creo que es un proceso similar al de la hipnosis, con un péndulo y todo… pero te despierta…

-Pero entonces… no entiendo… ¿a quién le serviría?

-A todos… O sea, él dice que a todos… habla de una necesidad de despertar, de salir del sueño…

-¿Dando a entender que nuestra vida es falsa?

-No sé si falsa, exactamente, pero al menos la vivimos programados.. en una hipnosis colectiva, dice él… de la que debiéramos despertar.

-Pero ¿despertar a qué?

-¿Cómo?

-Claro… entiendo el punto de la hipnosis, suena atrayente y todo… y el de la realidad falsa y la vida programada y todo lo que quieras, pero… ¿a qué despertamos? ¿Qué es lo que se ve cuando el deshipnotizador te deshipnotiza?

-Pues no sé bien… O sea, él lo explicó bien, pero creo que no dijo algo específico…

-Pero ¿la sensación sería buena al despertar?

-Claro que es buena… es decir, si despiertas a la verdad y es cierto lo que dice claro que es buena.

-No, no me entiendes… ¿No has pensado que tal vez esa verdad sea peor?

-No lo creo. Si te desprograma no podría ser peor… serías libre…

-¿Y entonces?

-¿Entonces qué?

-¿Qué se hace entonces con esa libertad?

-Pues no sé… depende de cada uno… tú eliges.

-¿Como los domingos?

-¿Qué ocurre los domingos?

-Que algunos se quejan… que son fomes… que no se sabe qué hacer… quizá el deshipnotozador te deje en un domingo eterno… pero en uno peor, donde la vida de todos los demás tiene un sentido…

-¿Trabajar, estudiar… a eso te refieres con sentido?

-Sí. A pesar de todo sí… Si te deshipnotizas ves a todos los demás así, supongo… como cuando no bebes en una fiesta llena de borrachos…

-¿Y entonces…?

-Entonces lo voy a dejar pasar.

-¿Pero escuchas que viene, cierto…?

-Sí… algo… pero ya te dije…

-…

-¿Qué vas a hacer tú?


viernes, 27 de diciembre de 2013

Casi.


Poco antes que la comida esté lista, me gusta abrir la tapa de la olla. El arroz casi listo, por ejemplo. El aroma. El último vapor de la cocción. Es una sensación extraña. Prácticamente lo contrario a asomarse sobre un ataúd. A veces y hasta pruebo un poco. Me gusta el sabor que indica que aún le falta un poco de cocción. Pruebo un fragmento mínimo, por cierto. Unos cuantos granos de arroz, un solo tallarín, un poquito del zapallo italiano, que preparo para un budín. Todo un poquito crudo, todavía. Falta un momento. Un par de minutos casi siempre. Un minuto. Me gusta ese instante. No importa el ámbito, pero me gusta aquel instante. Mirar a la gente antes que comiencen a hacer algo, por ejemplo. Antes que despierten. Antes que enciendan o apaguen el motor. Antes que deban hablar en público. Ese instante en que están también un poquito crudos y no se han cubierto para la próxima acción. Es como en el Hobbit, el momento en que el dragón Smaug se descuida y permite que Bardo, el arquero, lance la flecha que ha de dar en su único punto vulnerable. Aunque claro, yo por lo general no disparo flechas. Solo observo. La pequeña debilidad. El descuido. El último vapor de la cocción. Todo un poquito crudo. Casi.


jueves, 26 de diciembre de 2013

Un año que aún no comienza.

“Flota en el aire sin propósito,
¡es fantástico…!”


Planifico clases para un año que aún no comienza.

Escucho a Johnny Cash.

Leo a Wingarden.

Miro con calor hacia el ventilador, pero no lo prendo.

Es como un desafío.

Luego miro mi escaso avance en la planificación.

Dy vuelta el disco de Johnny Cash.

Leo a Wingarden.

Le digo en voz alta al ventilador que no lo necesito.

No he bebido nada, pero tampoco he dormido.

Supongo que eso compensa y me da derecho a hablarle a los objetos.

Pongo una película.

Veo como se abren grietas en las paredes de la Denueve, en Repulsión.

Borro el avance de las planificaciones.

Escribo lo que hago igual como un gato escupe bolas de pelo.

Hoy jugué con un gato, recuerdo.

Juego con el recuerdo, como con el gato.

Preparo un tercer café.

Me ducho por segunda vez en el día.

No ordeno la biblioteca.

Ahora escucho a los rollings.

Antes de dormir quiero escuchar a Bartok.

Leo a Kobo Abe.

Veo un par de capítulos de una serie.

Escucho discutir a un político en tv.

Respondo un par de mails.

Es de noche, pero vuelve el calor.

La 1:40 a.m. y tengo calor.

Un amigo que estaba de cumpleaños me llamo para que fuese.

Dije que sí, pero no fui.

Acabo de acordarme.

También me acuerdo que debiese planificar.

Planificar clases de un año que aún no comienza.

Un año que puede, incluso, no comenzar.

Una vecina, por ejemplo, pintó el cuarto para una hija que nació muerta.

Sigo con calor.

No duermo hace 42 horas.

Tampoco escucho a Bartok.

Demasiado calor y no sé como terminar el día.

Voy a la cocina.

Elijo mi última acción.

Abro el refrigerador y meto mi cabeza sobre una rejilla, como si fuera un pavo.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

En coma.


El tío de un amigo estuvo en coma tres años. Lo visitaban regularmente, no dieron el caso por perdido. Creo que tenía un plan de salud muy bueno ya que trabajaba en minería, así que al menos, no hubo complicaciones económicas. Despertó solo, sin embargo, y pensó que su familia lo había abandonado. Luego descubrió que no. Necesitó terapias y ayuda para volver a caminar, pero lo cierto es que al cabo de dos meses era como si nada hubiese ocurrido. Apenas le asombró el avance de los celulares y algunos cambios en sus hijos. Nada más. En el trabajo todo seguía  igual. Los vecinos. La tv. El sabor de la cerveza. Aproximadamente a los seis meses de haber despertado, mientras se encontraba de turno en una mina le dio un ataque de llanto. Al parecer, la crisis vino justamente porque nada había cambiado. Escribió una carta donde hablaba de un dolor amargo en el pecho. Los hijos, la mujer, el perro, el trabajo… todo eran idas sueltas en esa carta, cuenta mi amigo. Cosas que no cambian. La luna girando igual que siempre, pero nunca revelando una de sus caras. Algo así como seguir en coma. Creo que frases así decía la carta... El punto es que el tío de mi amigo fue internado y sometido a un largo tratamiento. Era normal, después de todo, explicaba el psiquiatra. Partes de la carta la publicaron en una revista de creaciones literarias que tenían los mineros. Yo no la vi, pero de ahí la conocía mi amigo y había memorizado algunas frases. Aparentemente el tío está mejor hoy en día. Ha vuelto a trabajar y está dejando las pastillas. Parece que eso es bueno.

martes, 24 de diciembre de 2013

Estimado San Tacklaus:



Ante todo disculpa si tu nombre no se escribe así, pero yo solo escucho hablar y no pregunto. Es fácil así. O sea cómodo. Además nadie dice las cosas bien… así que debe importar poco. Y es que esto de lenguaje es muy raro… muy poco preciso, me refiero. Yo antes preguntaba y hasta estudié sobre eso, pero luego comencé a reír de las palabras. Risas y un poco de miedo, debo reconocer, pero sobre todo risa. O sea, el miedo era como un condimento no más, pero la risa mandaba. Así, se sentía el sabor del miedo, un poquito, pero nada más. Ojalá se entienda. El punto es que llega navidad y entre tantos que piden y otros que dan me vino a la cabeza el concepto ese de ser un niño bueno. Porque claro, para que tú envíes regalos se debe ser un niño bueno. Así, viendo a los niños y sus justificaciones yo pensaba “estos chicos están cagados”, entienden mal eso y se van a quedar sin nada. Porque eso de ser bueno es muy distinto a no ser malo. O al menos eso creo. No sé si estás de acuerdo, pero no basta no ser malo para ser bueno y además uno puede mentir. ¿Te has dado cuenta que es raro eso? Uno puede mentir y no se nota. No se ve, me refiero. Te importe o no el otro, puedes mentir y no se nota. ¿Se podrá ser bueno y mentir? ¿Cómo te das cuenta tú de eso? A veces pienso que Rodolfo tiene un sensor en la nariz que se ilumina cuando lees en voz alta una carta de un niño que dice que es bueno y no lo es. Por otro lado,  ¿puede ser bueno el que dice que es bueno? Disculpa que me pierda y desordene en esas cosas, pero es por esto, justamente, que te escribo. Es decir, para que me respondas o para que me regales unas pastillas para no preguntar hueás (y no pensarlas). Ojalá pastillas de colores y entretenidas para que no se me olvide tomarlas. O no me confunda, si lo hago. Hoy mismo, por ejemplo, hice unas visitas por navidad y creo que me tomé unos antipsicóticos, erróneamente, pensando que eran aspirinas. Cómo sea, el punto es que ahora no me duermo. Me acelero, se me olvida de qué hablo… se me juntan palabras… de esas cosas me pasan. ¿Tienes regalo para eso? No es que sea bueno, pero te lo pido como favor, al menos. Algo sencillo, nada más. Las otras cosas complican. Me acuerdo que un amigo, por ejemplo, le regalaron una vez una cama tan bonita que terminó durmiendo en el sillón. Yo prefiero algo sencillo. Unas respuestas, un remedio… cosas así. Quedo atento. Además no puedo dormir, así que aunque no quiera. Eso no más. Chaíllo.

lunes, 23 de diciembre de 2013

¿Qué sensación? (versión abreviada)

“Usted se alimenta del cadáver
del viejo mundo…”
Mad Max II


-¿Has dado vueltas y vueltas y parado de girar, pero sientes que sigues dando vueltas?

-No.

-¿Cómo…? ¿Acaso nunca diste vueltas cuando chico?

-Claro que lo hice.

-¿Y entonces?

-Entonces al final yo sentía que era el mundo el que daba vueltas, no yo…

-¿No es lo mismo?

-No.

-Ok.

-…

-…

-¿Por qué lo preguntabas…? ¿Te enojaste?

-No sé, creo que iba a comparar la sensación, pero ya se me fue la idea.

-¿Sabes? Creo que hay un trastorno que lleva a las personas a sentir que son ellas un punto fijo, invariable…

-¿Un trastorno?

-Sí, o sea… no sé si es la palabra adecuada, pero me refiero a una enfermedad… sentir que no avanzas, por ejemplo, pero que el mundo pasa hacia atrás…

-¿No es eso demasiado egocéntrico?

-No sé… yo lo veo más bien como algo incómodo… creo que Herzog tenía aquello…

-Pero eres el centro… o sea, te crees el centro… ¿por qué no sería egocéntrico?

-Pero el centro no se mueve… está como muerto… No debe ser algo agradable.

-¿Ser el punto fijo de un universo en movimiento?

-Claro, aunque suene como a titulo de canción…

-Quizá…igual no puedo imaginármelo, si soy sincero…

-¿Y qué ves cuando intentas imaginarlo?

-¿Ver…? Pues no sé si ver… pero siento como si un montón de palabras me pasaran rozando…

-Pues esa es la sensación justamente.

-¿Qué sensación?

-Esa, po... O sea, esta. Sí, esta misma sensación.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Apuntes para una disertación escolar sobre Plinio el Viejo.

Nec dubitamus multa esse quae et nos praeterierint;
homines enim sumus et occupati officiis
Plinio el Viejo.


Plinio el Viejo habla de un fenicio que quemó su casa y se lanzó al mar.

De hecho, lo nombra como el primer fenicio que desarrolló cierta técnica marítima.

Una especie de inclinación en las velas, de remos salientes, de dirección fija.

Luego, Plinio habla de los vientos y establece una breve comparación con el espíritu del hombre.

Así, Plinio señala que el hombre engaña a su espíritu amarrándolo a diversos sitios.

Con todo, no hay explicación escrita sobre el porqué del viaje del fenicio.

Por otro lado, si bien valora la navegación, Plinio sostiene que la única dirección del hombre es la que conduce a la ruina.

Así, al igual que el fenicio, Plinio el Viejo llama a quemar todo lo que es lujo, pues es expresión de debilidad y cárcel del hombre.

Con esta misma certeza, Plinio habla también sobre seres gigantescos, arbustos que cambian de posición, lluvias de peces y de piedras.

Extrañamente, el final del fenicio que quemó su casa y se lanzó al mar, es similar al del propio Plinio.

Así, mientras el barco en que viajaba el fenicio fuese destruido por la erupción de un volcán marino, Plinio el Viejo muere mientras intenta acercarse lo más posible para estudiar la erupción de Vesubio.

Quienes lo conocieron, en su época, resumen su vida alabando su obra y su grandioso intento por dar cuenta acabada de lo que era el hombre y la vida natural.

Por último, no dejan de señalar que a pesar de todos sus logros, no dejó e tiempo necesario para indagar sobre sí mismo.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Bajo la lluvia.



Mató a tres personas y luego se fue bajo la lluvia.

La vida es fácil, me dijo.

Dejó sus armas junto a un árbol y enjuagó sus manos en un arroyo.

La lluvia seguía cayendo.

Él también volvió a hablar:

Los que no matan piensan en la sangre como una mancha roja.

Yo, en cambio, la pienso como un hedor...

El hombre levantó el rostro al cielo y dejó que la lluvia lo lavara.

Yo esperaba que volviera a hablar, pero no lo hizo.

Solo la lluvia se escuchaba.

Oscurecía.

Uno de los muertos era amigo mío, murmuré.

Me acerqué hasta el árbol donde estaban las armas.

Las escondí.

Luego me quedé observando, bajo la lluvia.

Él sabía que yo debía hacer algo.

Todo parecía no importarle.

Fue entonces que esa misma sensación, me pareció estar presente en otras cosas.

Y es que en el árbol, en la tierra y hasta en la lluvia que caía, habitaba la indiferencia.

La indiferencia… o algo cercano a la indiferencia.

Cerré los ojos.

Dejé que las cosas se reordenaran, en la oscuridad.

Todo tenía un sitio, comprendí.

El árbol, el arroyo y hasta las gotas de lluvia, caían en el sitio exacto en que tenían que caer.

Abrí los ojos.

Él estaba de espaldas.

Tomé el cuchillo y lo dejé sobre unas rocas.


Siguió lloviendo, hasta que amaneció.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Cuando el poeta dona su voz a los pájaros.


Se equivoca el poeta
que dona su voz a los pájaros.

¡Pobres pájaros!

Todos los que lo vimos
hacer aquellas cosas,
le advertimos.

Esa es la voz que tienen,
le dijimos,
desiste…
pero nada.

Pío, pío, pi.

Entonces,
el poeta decidió que era capaz
de tomar el nombre de las piedras
y fue jugando a llamarlas
una a una.
.
Con todo,
en mitad del bautismo
el poeta tuvo un breve indicio
de que estaba equivocado.

Pío, pío, pi.

No es que se arrepintiese.

No es que vislumbrara algo.

Lo que ocurrió, simplemente,
fue que los días
pasaron
cada vez más rápidos,
y el sol
y hasta el viento
terminaron por confundir al poeta
quien se olvidó de todo
por sujetar sus palabras.

Y es que ante todo,
reunió el poeta las esdrújulas
que daban un efecto cautivador
a sus poemas,
y hasta guardó los nombres latinos
que lo hacían parecer
un tanto más erudito…

Pío, pío, pi.

Llegó la hora de los pájaros,
dijo entonces el poeta,
llegó la hora en que mi voz
servirá de camino
a todos ellos.

Pío, pío, pi.

Así, mientras componía el primer poema
(tras donar su voz),
el poeta vio con alegría
cómo una bandada de grandes pájaros
se acercaba a agradecerle.

Pío, pío, pi.

Fue entonces que los pájaros
fueron bajando uno a uno
y en picada
hasta el poeta,
hasta que todo estuvo hecho.

Pío, pío, pi.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Un texto de reemplazo.


I.

P. trabaja como fiscal en una ciudad del norte de Chile donde comúnmente se intentan ingresar a nuestro país diversas sustancias ilegales. Un día, sin embargo, en vez de drogas, medicamentos u otro tipo de sustancias, lo que P. encuentra es un pequeño cargamento con unos 100 kilos aprox. de jabones de baño.

Intrigado y un tanto confundido por la sustancia encontrada, P. pide entrevistarse a solas con el hombre que intentó ingresar dichos productos por la frontera.

-¿Para qué son esos jabones? –pregunta P.

-Para permanecer limpio –contesta el hombre.


II.

Durante el juicio, el abogado defensor negocia con P. una salida rápida del juicio. Esto ya que la versión del hombre que intentaba ingresar los jabones se mantiene en la afirmación que estos eran para uso personal.

-¡Pero eran 100 kilos…! –insiste P. en el juicio.

-¡1000 veces 100 gramos…! -alega el hombre-. ¡Debo permanecer limpio…!

Finalmente, el hombre es expatriado y se recomienda una internación en algún sanatorio del Estado, durante al menos 20 meses.

Los jabones, en tanto, por un error en la resolución, van a dar en la habitación de P, justo tres días después de la cierre de aquel juicio


III.

P. abre la primera caja con jabones a pocos días de la resolución.

Extrañamente, a medida que P. utiliza los jabones, él parece sentirse más sucio… como si el jabón en vez de limpiar revelase otros contenidos… otras suciedades.

Con todo, el comportamiento de P. también cambia en este tiempo y llega a pedir incluso unos días de licencia, que le son negados por la corte.


IV.

P. deja su trabajo en la corte y se encierra en su departamento junto a las cajas de jabones requisados.

F., hermana de P., me dice que en pocos días más vayamos a verlo, pues se encuentra preocupada por lo que ocurre con su hermano.

Yo, en tanto, le digo que no, que su hermano debe estar bien, y que esas son cosas que ocurren.

Por último, tras el enojo de F., le robo la historia de P., pues había escrito un poema demasiado hermoso, como para colgarlo en internet y necesitaba un texto de reemplazo.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

No vayas.

“Hizo trampa… comenzó a avanzar antes
que los dados se hubieran detenido”


-Nada más feo que subir montañas –nos dijo-. Ustedes creen que es lindo o hasta entretenido… pero lo cierto es que con eso solo le quitan dignidad a la montaña… matan un Dios cuando suben…

-Pero es un desafío…

-No lo es –interrumpió-. No es algo que pueda hacerse con orgullo… Es decir, el hombre viola a la montaña cuando sube… obliga a los dioses a irse lejos… Las cumbres, sobre todo, no son para los hombres…

-Pero si fuese así entonces también nadar y…

-Exacto –volvió a interrumpir-. Nadar también es feo… y volar y hasta viajar al espacio… pero los dioses estaban con nosotros habitando en las cumbres… cerca de nosotros, me refiero… ahora, los hemos arrojado cada vez más lejos… y es que no estamos listos para verlos y ellos deben largarse, por seguridad…

-¿Y entonces usted…?

-Yo vigilo la montaña –agregó-. Voy detrás de los hombres que intentan alcanzar la cumbre y los derribo antes que puedan hacerlo… No importan los medios, solo los derribo… soy como una especie de ancla de los hombres…

-¿Ancla?

-Claro… -recalcó-. Como un ancla. Eso es lo que les falta a los hombres… ni el amor es ancla… creen que se mueren si arrojan el ancla… por eso se mueven, por eso suben montañas… pero todo son calles sin salida… pierden la vida así, yendo hacia la pared final del callejón sin salida... no germinan por eso… Por eso los detengo. Yo soy el ancla.

-Pero entonces usted…

-No lo digas, muchacho –concluyó-. No pierdas el tiempo diciéndolo. Simplemente baja la montaña. No vayas… Suena mal, pero es lo correcto. La verdad siempre suena mal, muchacho…

martes, 17 de diciembre de 2013

Blues del dueño de Lacoste (traducción libre)

“Escribid con compasión
sobre el engaño que habita
en el corazón del hombre”
L.C.

La leyenda dice que el dueño de Lacoste
tenía un dolor en el pecho,
así que fue hasta el doctor y le dijo
por favor, doctor, haga su trabajo
lo mejor que pueda.

La leyenda dice que el doctor
analizó a fondo el corazón del dueño de Lacoste
y encontró que en el pecho de aquel hombre
existía una casa pequeña
que no estaba vacía.


Coro:

Dígame usted doctor,
¿quién habita en esa casa?
¿es una mujer que ya casi he olvidado?
¿o vive ahí un pequeño cocodrilo?


La leyenda dice que el doctor
decidió operar de urgencia
el corazón del dueño de Lacoste
considerando que un ser extraño a aquel lugar
podía provocar, sin duda, la muerte de un hombre.

Cuenta la leyenda que el doctor
afiló el bisturí y se dispuso a encontrar esa casa.
Sea usted un caballero, doctor,
dijo el dueño de Lacoste
y golpee la puerta de esa casa, suavemente.


Coro:

Dígame usted doctor,
¿quién habita en esa casa?
¿es una mujer que ya casi he olvidado?
¿o vive ahí un pequeño cocodrilo?


Dice la leyenda que el dueño de Lacoste
no tuvo anestesia durante la operación
y pidió al doctor que le describiera
cómo era la casa que habitaba
en el interior de su pecho.

Dice la leyenda que el doctor,
tras encontrar aquella casa
no tuvo palabras en inglés, ni español, ni término latino
para describir cómo era,
cómo sea, dio a entender que había que extraer de ella,
algo pequeño y vivo.


Coro:

Dígame usted doctor,
¿quién habita en esa casa?
¿es una mujer que ya casi he olvidado?
¿o vive ahí un pequeño cocodrilo?  (x2)


Déjelo tranquilo doctor,
después de todo, no existe un hombre
que no muera desde dentro.


Vian Dylan

Baladas neofolklóricas

lunes, 16 de diciembre de 2013

Los niños / El núcleo / La luz

“Ángeles con paraguas lo amparen de la lluvia”
G. M.


I.

-¿Y los niños?

-Los niños se acercan po, hueón… van hacia el mar cuando la ola se recoge…

-¿Y por qué te molesta eso?

-¡Porque es hueón po…!

-¿Ir hacia el mar?

-No, no eso… pero luego la ola revienta y los chicos arrancan… y luego retrocede y los niños se acercan otra vez… eso es lo hueón…

-Pero si están jugando…

-Pero es un juego hueón.

-…


II.

-No sé si entiendo… ¿El juego consiste en hallar el centro?

-No. No el centro… el núcleo.

-¿Un núcleo funcional decís tú?

-Un núcleo po, hueón… Un núcleo, no más. Eso digo.

-¿Y si no se encuentra?

-¿Cómo?

-¿Qué pasa si no se puede encontrar el núcleo?

-No se puede po, hueón… siempre hay núcleo, aunque no se sepa.

-¿No hay procariontes, entonces?

-¿Hueones procariontes?

-Claro… vidas procariontes, experiencias…

-Puta… yo digo que no po, hueón… pero tú podís pensar lo que queray…


III.

-¿Sabes cuál es el problema de esa luz?

-¿De cuál luz?

-De la luz al final del túnel po, hueón… de eso estábamos hablando.

-Entonces no… no sé cuál es el problema.

-El problema son los hueones que te esperan atrás de esa luz… los que te llaman.

-¿Los que está atrás de la luz al final del túnel?

-Exacto… porque en el fondo no son otros…

-¿Cómo?

-Que nos son otros po, hueón… cuando me pasó lo del choque lo vi clarito…

-¿Qué cosa?

-Vi a los que ye esperan, hueón… junto a la luz…

-¿Y?

-Que no son otros. Son un montón de hueones igualitos a ti… a uno mismo…

-Pero están piola…

-Sí, hasta el momento sí… ¿y sabes? Por eso es también que la gente cuando va a la luz prefiere regresar…

-¿Para ahorrarse la eternindad con ellos mismos?

-Exacto. No son los otros, además.

-¿Y los niños?

-No sé… deben andar buscando el núcleo.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Ritos (I)


Éramos nueve. Celebrábamos una especie de graduación, todos vestidos de gala. Ya habíamos cenado, hablado y bebido lo suficiente. Entonces nos acercamos a la piscina. Recuerdo que había un camino, de luces, que llevaba hasta ella. Todo ocurrió como un pacto secreto, sin necesidad de decirnos nada. Simplemente nos paramos cerca de los bordes, a una distancia relativamente homogénea. Fue entonces que uno de nosotros miró a los ojos del resto y comenzó a decir sus razones. Luego, sin más, se arrojó al agua, como si se lanzase al vacío. Y es que todo, ciertamente, funcionaba como un falso suicidio. Nombrábamos de alguna forma nuestro fracaso, nuestro dolor… o simplemente aquello que nos había defraudado. Luego nos lanzábamos a la piscina. Uno a uno hicimos lo mismo. No intentamos detenernos. No refutamos los argumentos del otro. Respetamos la decisión, digamos. Honramos nuestra falsa muerte. Nos hundimos en el agua. Ascendimos. Pesados por las ropas mojadas salíamos de la piscina y quedábamos entonces de espaldas a ella. De espalda a lo que habíamos sido y a lo que habíamos dado muerte. Tranquilos. Si alguno lloró no lo supe. Al menos yo no lo hice. Habíamos sido amigos por varios años. Confiábamos los unos en los otros. Luego de salir del agua cada uno siguió su camino. No volvimos a hablarnos. En el agua, tal vez, se hundieron nueve corazones.


sábado, 14 de diciembre de 2013

Stalker.


P. pinta cuadros de F., retratos, para ser preciso. Extrañamente, P. piensa que cada cuadro que pinta hace perder a F. un día más de vida. Por lo mismo, P. llega a sentir que quiere matar a F., aunque su deseo no es claro. Por otro lado, P. no habla de esto con nadie y se dedica simplemente a retratar a F. Cientos de veces, incluso.

Un día, F. va a la montaña y no regresa a la hora esperada. P. se impacienta. Mientras pinta a F. se impacienta. Entonces, con pánico, P. resuelve que ha asesinado a F. Puede no parecer sensato, pero es lo que piensa. Así, sintiéndose culpable, P. huye por la carretera. Piensa que lo persiguen y su cerebro bulle.

Tarde o temprano iba a pasar, piensa P., era como disparar al cielo. No se puede estar en paz disparando al cielo. Las balas no pueden desaparecer en la nada. Deben darle a alguien… Darle a alguien o simplemente volver abajo… La cuestión es simple, piensa P. No se puede estar sin culpa.

Así, mientras divaga, P. llega hasta la montaña donde se ha perdido F.

Todo se dibuja y desdibuja.

Entonces comienza la historia.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Seis niños en un carrusel que no gira.

“Hice todo eso,
para así no tener otra vida”
Otto Wingarden, Memorias.


Seis niños en un carrusel que no gira.

Veo seis niños en un carrusel que no gira.

Lees sobre seis niños en un carrusel que no gira.

Así es como nacen las primeras diferencias.

Así es como nacen, en nosotros, las primeras diferencias.

Así es como nacen, en nosotros, las primeras grandes diferencias.

Y es que aquel que no se detiene, no sabe que el carrusel no gira.

Y es que aquel que no se detiene a observar, no sabe que el carrusel no gira.

Y es que aquel que no se detiene a comprender,
no sabe que son seis niños los que están en el carrusel que no gira.

Con todo, saber de los niños en el carrusel, no es suficiente.

Con todo, saber y observar los niños en el carrusel, no es suficiente.

Con todo, saber, observar y comprender a los niños en el carrusel, no es suficiente.

Así, quien no se detuvo, terminó perdiendo.

Así, quien no se detuvo a actuar, terminó perdiendo.

Así, quien no se detuvo a actuar, terminó perdiendo algo esencial, en la vida.


jueves, 12 de diciembre de 2013

Un conejo en el sombrero.


A veces soy el conejo en el sombrero.

El original, me refiero.

El que espera en el sombrero de un mago
que quizá no vuelva a aparecer.

Así, desde el fondo del sombrero
me transformo poco a poco
en el conejo que,
si quiere aparecer,
debe sacar un mago
desde el fondo de algún sitio
que hasta el momento desconozco.

Sé, por lo mismo,
que lo más recomendable en este instante
es resignarme a desaparecer poco a poco,
desparecer para los otros, por supuesto,
pero por más que intento aceptarlo
algo en mí se niega a dejar de ser,
totalmente.

Y es que existe algo,
una pequeña diferencia, digamos,
entre el desaparecer para los otros
y desaparecer para uno mismo.

Así, sabiéndome conejo
y hasta olvidándolo,
mi existencia se ha visto a sí misma
confinada al fondo del sombrero
del mago que (tal vez) inventé
y qué en el fondo
(en otro fondo)
necesito.

Nada de trucos, entonces.

No espero trucos.

No necesito trucos.

Permanezco aquí más bien por otra cosa.

Adivínela usted.

Anúnciela.

Y es que la magia, finalmente,
viene siempre a ser el resultado
de la interacción
entre un público
y un sombrero que, tal vez,
esconde algo…

Así, como decía,
a veces soy el conejo que se esconde
en el sombrero de un mago
que quizá no vuelva a aparecer.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Usted rompió el cenicero?


Reúnes los ceniceros, pero no hay ceniza.

-¿Usted rompió el cenicero?

-¿Cuál cenicero?

-El cenicero… el de su mesa…

-No… o sea, creo que ya estaba así…

-¿Así cómo…?

-Roto, no sé… lo único cierto es que no fumo…

-¿Nada más es cierto?

-¿A qué se refiere…? ¿A los ceniceros?

-No. No necesariamente.

-Creo que busca usted, confundirme, yo…

-Usted sabe poco. Yo reúno los ceniceros. El último está roto…

-¿Y quiere saber si yo lo rompí?

-Claro.

-¿Y para qué iba yo a querer romper un cenicero?

-Las cosas se rompen aunque no queramos… además está el tema de la ceniza…

-¿Qué ceniza?

-La ceniza… usted sabe… los residuos… es imposible que no exista.

-¿Y no se puede evitar generar ceniza?

-Es absurda esa pregunta… ilógica incluso… ¿puede fumarse un cigarro sin dejar ceniza?

-No hablo solamente de cigarros.

-Claro, pero el ejemplo es el mismo. La única forma es apagar el cigarro…

-Pero entonces… romper el cenicero…

-Romper no es forma de nada, pero es extraño… ¿me entiende?

-Pues creo que sí… un poco…


Reúnes los ceniceros, pero no hay ceniza.

martes, 10 de diciembre de 2013

El comportamiento de la gallina de la tía Clara.



A G. le intrigaba el comportamiento de la gallina que tenía como mascota su tía Clara.

Era una gallina que había sido criada al interior de la casa, por lo que su comportamiento se asemejaba más a la de un perro que a los otros de su propia especie.

Como ejemplos concretos, podríamos nombrar el que durmiera en una pequeña casa y que era capaz de acompañar a las compras a la tía o hasta dejarse acariciar por algún vecino u otro visitante ocasional.

G., por cierto, iba todos los años a casa de su tía Clara, pero solo desde los últimos dos veranos había comenzado a fijarse en la gallina.

De hecho, G. creía que haber comenzado a fijarse en la gallina era una de las más importantes manifestaciones de sus propios cambios.

-No es solo que se comporte como perro –explicaba G.-, es que finge comportarse como perro…

Yo que lo escuché hablar varias veces al respecto, complemento lo anterior a partir de otras pequeñas apreciaciones:

1. G. estaba seguro que la gallina, en su mirada, demostraba saber perfectamente la diferencia entre quién era ella y cómo era vista por los demás.

2. G. estaba leyendo un libro de Wingarden que hablaba justamente sobre la construcción de la personalidad y la articulación del mundo, desde un “sujeto central enmascarado”.

3. A partir de sus lecturas, G. creyó comprender que la gallina de su tía Clara era el sujeto articulador del mundo donde él se encontraba inmerso.

-Esa gallina sabe algo más –decía-. Mírala bien… se está burlando… ella sabe. Tiene ojos que saben…

Así, los que hablaron con él en el último tiempo, comentaron que G. se comportaba de modo obsesivo, e incluso sugirieron a su familia –sin dar detalles de lo que le ocurría-, que lo internasen por un tiempo.

Lamentablemente, la familia cercana de G. tomó la decisión de llevarlo a un lugar tranquilo, donde pudiese reponerse… Y bueno… lo llevaron donde su tía Clara.

Semanas después, cuando fui al velorio de G., algunos amigos comentaron que no habían tenido otras noticias de él, hasta el momento de su muerte.

Asimismo, algunos nos fijamos que tenía unas marcas en el rostro, como si lo hubiesen atacado con algo filoso.

-¿Crees tú que la gallina…? –me preguntó un amigo en común, durante el entierro.

-Yo no creo en nada –le respondí. 

Pero no era cierto.

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