miércoles, 17 de enero de 2018

El hombre que leía los manuales (Formas de vida I)


Ayer se cumplió un año desde que desapareció el hombre que leía los manuales.

No escribiré su nombre, porque nunca lo llamamos así, y sería falso comenzar a hacerlo ahora.

Fue pareja de una prima, que trabajó con él en la misma empresa, lugar donde justamente le pusieron ese apodo.

Era una empresa que vendía distintos productos importados, por lo general artículos eléctricos de cocina u otros similares, casi siempre al por mayor.

Y claro, el hombre que leía los manuales, además de vender, era justamente quién hacía lo que su nombre indicaba.

Esto consistía en leer detalladamente cada uno de los manuales que acompañaban los productos, para luego explicar a los otros vendedores, de manera práctica y más breve, cómo era su funcionamiento.

Mi prima lo presentó como pareja en una cena de navidad, donde justamente el hombre que leía los manuales leyó las instrucciones de unos productos que nos habían regalado esa misma noche.

Recuerdo que lo leyó de forma seria, profesional incluso, detallando cada uno de los pasos e indicaciones y hasta haciéndonos una pequeña demostración.

En ese momento creímos que bromeaba, pero luego comprendimos que ese era realmente su carácter y tratamos de evitar las burlas u otros comentaros que pudiesen hacerlo sentir mal.

De todas formas, solo volvimos a ver al hombre que leía los manuales un par de veces más, pues pronto mi prima lo dejó por otro compañero de trabajo, y solo nos enteramos que desapareció por un comentario al pasar, dicho por mi prima en una reunión familiar, hace un par de días, como algo sin importancia.

-Mañana se cumplirá un año desde que la empresa necesita a alguien que lea y resuma los manuales… -fue lo que ella dijo.

Y claro, luego nos contó que el hombre aquel desapareció sin más. Dejando todas sus cosas en el lugar donde vivía y sin enviar una carta o una explicación a alguien.

-La empresa –dijo finalmente mi prima-, puso por meses un anunció que si bien era para contratar a alguien, nosotros lo leíamos como uno de esos para personas perdidas: “Se busca hombre que lea manuales”, decía el anuncio. Nunca nadie apareció.

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