domingo, 28 de agosto de 2016

No voy a golpear el tambor.


No voy a golpear el tambor.

Esos son golpes perdidos.

Fuerza que se aleja sin más.

Semillas arrojadas al desierto.

Pueden, por tanto, dejar de fingir.

Todos sabemos que el tambor está vacío.

Sus latidos no impulsan sangre alguna.

Nadie quiere beber de esa sopa fría.


No pregunten. De todas formas estaré acá.

Y prefiero, de hoy en más, golpear al aire.

Arrojar piedras a lo alto.

Escupir en todas direcciones.

Esto es lo que quiero hacer.

Escojo amar a la mujer estéril.

Buscar el mentón de Dios.

Dondequiera que se encuentre.


No voy a golpear el tambor.

No voy a participar de esas danzas antiguas.

Que los artistas bailen en torno a las hogueras.

Yo voy por los muelles agujereando barcas.

Mis huesos están secos y ya no tienen voz.

Todo lo que hay en mí se hizo cuchillo.

Saludo apenas, al pasar.

E intento abrazar volteando los filos.


¿Escuchan esos ruidos allá lejos?

Ellos no te hablan a ti.

No conocen tu nombre.

Ese es el ruido de la vida quemándose a solas.

El corazón liado como un cigarro que pasa de boca en boca.

El deseo de amar no se satisface amando.

Vamos a quemar el corazón del mundo para dejar fértiles sus tierras.

Los aullidos de Dios, revelarán el camino.

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