miércoles, 18 de octubre de 2017

Aclarar en parte el misterio.


Llego temprano al centro de Santiago cada mañana.

Por lo general todavía está oscuro y hay pocas personas en las calles.

Me llama la atención, sin embargo, un edificio de oficinas donde destacan siempre unas ventanas, en lo alto, con las luces encendidas.

Las primeras veces pensé que se trataba de un descuido.

Alguien que dejaba encendidas las luces por las tardes y no se percataba, me refiero.

Con los días sin embargo comencé a fijarme que en la oficina había movimiento.

Sombras que pasaban por la ventana, principalmente.

Nada muy claro en todo caso, pero al menos aclaraba en parte el misterio.

La otra parte decía relación con los horarios.

Es decir, con lo raro que era esa única oficina, entre cientos de oficinas en decenas de edificios, que tuviese movimiento en ese horario.

Fue así que, tras unas semanas, me acerqué durante el día a observar la oficina.

Y claro, siempre vi más o menos lo mismo dentro de ella.

Luces encendidas y cierto movimiento, me refiero, a la distancia.

Incluso, alguna vez, más de noche, pasé por el lugar y noté que seguía ocurriendo lo mismo.

Era una oficina que no paraba, me dije.

Pro claro, eso no aclaraba del todo el asunto así que decidí ir al edificio a buscar información.

Fui varios días y en distintos horarios, logrando consultar a tres conserjes que no supieron darme la información.

Tras esto, decidí ir yo mismo al último piso, donde se veían esas luces.

Para esto, entré con un grupo de personas al ascensor, y apreté el botón del piso más alto.

Mientras subíamos escuché a un par de oficinistas hablar sobre un personaje que al parecer había dejado de trabajar con ellas.

-Ojalá ahora se dedique a buscar su propia vida -decía una- Y no se invente historias donde no las hay.

-Yo creo que nunca lo va a hacer –dijo la otra-, se nota que es de esos que prefiere mirar fuera que dentro de sí mismo.

Segundos después ellas se bajaron y llegué al último piso.

Estaba solo en el ascensor, en ese instante.

Entonces, la puerta se abrió y luego se cerró, sin que yo diese ningún paso.

Finalmente, decidí apretar el botón del primer piso, e irme del lugar.

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