jueves, 12 de diciembre de 2013

Un conejo en el sombrero.


A veces soy el conejo en el sombrero.

El original, me refiero.

El que espera en el sombrero de un mago
que quizá no vuelva a aparecer.

Así, desde el fondo del sombrero
me transformo poco a poco
en el conejo que,
si quiere aparecer,
debe sacar un mago
desde el fondo de algún sitio
que hasta el momento desconozco.

Sé, por lo mismo,
que lo más recomendable en este instante
es resignarme a desaparecer poco a poco,
desparecer para los otros, por supuesto,
pero por más que intento aceptarlo
algo en mí se niega a dejar de ser,
totalmente.

Y es que existe algo,
una pequeña diferencia, digamos,
entre el desaparecer para los otros
y desaparecer para uno mismo.

Así, sabiéndome conejo
y hasta olvidándolo,
mi existencia se ha visto a sí misma
confinada al fondo del sombrero
del mago que (tal vez) inventé
y qué en el fondo
(en otro fondo)
necesito.

Nada de trucos, entonces.

No espero trucos.

No necesito trucos.

Permanezco aquí más bien por otra cosa.

Adivínela usted.

Anúnciela.

Y es que la magia, finalmente,
viene siempre a ser el resultado
de la interacción
entre un público
y un sombrero que, tal vez,
esconde algo…

Así, como decía,
a veces soy el conejo que se esconde
en el sombrero de un mago
que quizá no vuelva a aparecer.

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