lunes, 26 de abril de 2010

¿Se dice bendiciones?

Sí, bendiciones. Aunque suene mamón o lo que sea. Así que me tomo una pausa para contar unas cuantas, de estos días.
No suelo asociar el dinero con estas cosas, pero esta vez lo incluyo. Ayer hablaba sobre una plata que me adeudaban en un trabajo, desde hacía medio año. Como había que hacer la declaración de renta y eso fue con boletas, había que hacer la denuncia y todo eso. Lo pensé y decidí que no. Tranquilo y sin rencor. Quizá ayudaba que no era mucho dinero, pero no es el punto. Hoy veo en mi cuenta que después de medio año y sin aviso ni presión de mi parte está pagada. Y es la cifra exacta que le adeudo a mi hermana luego que me prestara para un viaje que hice en el verano.
Y es además como si pudiera cerrarse, o renovarse, un ciclo.
¿Se dice casualidad? No. Se dice bendición, aunque suene mamón. Y la boca le queda donde mismo.
¿Otra?
Bueno. Medio apretado de dinero no he querido buscar nada, supongo que las cosas buenas llegan cuando uno no las busca. Dos días atrás me visitaban dos amigos (Maritza y Marcos), -lo que ya era una bendición-, y mientras Maritza hablaba por teléfono, pues la habían llamado mientras conversábamos, yo le comentaba a Marcos que me habría gustados trabajar en clases para adultos, así, de la nada, porque venía al tema de trabajo quizá, no recuerdo. El punto es que apenas corta, Maritza dice que la llamó una amiga para clases nocturnas, y que necesitaban a alguien. Nos miramos. Una llamada y está todo a punto de arreglarse. Como veo a mi hijo los lunes y viernes había dejado esos días libres. Bueno, las clases que necesitan acá son de martes a jueves.
¿Se dice casualidad?
Quizá, pero yo le digo bendición. Y la recibo tranquilo. Resulte o no definitivamente. Supongo que será lo mejor.
¿Hay más?
Sí, pero la verdad es que hay tantas que pienso que casi no vale la pena tratar de recordaras, pues muchas quedarán fuera. Además existe alguna que puede no resultar después, quien sabe.
¿Qué cuál fue la mejor?
No necesito pensarlo. Estar con mi hijo leyendo en la mañana. Apoyada su cabeza contra mí y terminando de leer unas historias. Ir a dejarlo y jugando mientras le da ataque de risa y me siento visto cuando me mira. Se ríe con confianza y siento que ha aprendido a verme, de a poquito, y me enseña también a verlo más claro cuando ríe.
¿Una última, para terminar?
Bueno. Una película. El hombre que fue Superman, sería más o menos la traducción. Una película maravillosa y sencilla que acabo de ver. Un hombre que piensa que es Superman, y se decide a ayudar a los demás, sin súper poderes por supuesto. Y es que el hombre calvo (ahora me acuerdo de un sueño, pero bueno…) y es que el hombre calvo, decía, le dejó un trozo de criptonita en su cabeza, para que él olvide quien es… por eso debe seguir ayudando, y alegrándose con eso, porque si no ayuda, como él mismo dice, “olvidaría como ayudar, olvidaría quien realmente soy. Y eso es exactamente lo que quieren los villanos”.
Una película donde se nos muestra que existen seres excepcionales, con poderes excepcionales, que pueden cambiar el futuro, a diferencia de muchas especies en el universo que no pueden hacerlo… aunque hayan olvidado, al parecer, los increíbles poderes que ellos tienen.
¿Una bendición bonus? ¿Una extra?
Sí, no hay problema. La bendición del poder dar, de compartir. Así que aquí les dejo el enlace para la descarga de la película y los subtítulos.
Ojalá la vean, y acepten el “regalo”.
¿Qué dijo? ¿Qué es ilegal?
No hable hueás. Acéptela. Y abra los ojos a sus propias bendiciones. Que deben estar por todos lados.
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3 comentarios:

  1. No sirvió el link, te acordarás del nombre, por casualidad?

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  2. La peli es "el hombre que fue súperman". Esta es la ficha en filmaffinity: http://www.filmaffinity.com/es/film422987.html No sé bien dónde encontrarla hoy en día. La página y el servidor con el que la bajé ya no existen... Es bonita y sencilla. Creo que hace bien. Saludos.

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