jueves, 20 de marzo de 2025

Te lo cuento rápido.



Te lo cuento rápido. Estoy en la peluquería cortándome el pelo. No iba desde hacía meses, pero todo estaba igual. El peluquero me conoce y yo le pido el mismo corte. Cruzamos un par de frases mientras él comienza a hacer su trabajo. Todo bien, digamos hasta que se escucho un sonido extraño. Como un chasquido o algo así. La tijera trabándose, supongo, pero entonces algo cae sobre mis piernas y el peluquero presiona una toalla que se va volviendo roja, rápidamente. Lo que cayó sobre mis piernas era algo así como un ravioli. Me demoro un poco hasta entender que se trata de un trozo de oreja. Otro peluquero se acerca y la recoge y poco después el trozo de oreja ya está dentro de un frasco, en el que echan alcohol o algo similar. Mientras me piden disculpas y se organizan para llevarme a urgencias y o me alejo un poco y me observo en un espejo. Ya me he enjuagado el rostro y la cabeza y es entonces cuando descubro que mis orejas están bien. No les falta nada, quiero decir. Tampoco veo que ahora brote sangre. Igual el trozo ese no es mío, les digo. Ellos asombrados me revisan y no parecen comprender. Yo recuerdo una película que hablaba de multiversos y pienso que la tijera tal vez llegó a otro sitió y cortó algo que luego trajo hasta acá. No digo nada de esto, en todo caso, pero aquello me sigue rondando en la cabeza hasta que llego a casa. Llevo todavía el frasco con el trozo de oreja que no sabemos de dónde salió. Guardo el frasco con la oreja en el refrigerador. Cuento mi historia a unos amigos, pero creen que bromeo. Pasan así unos días. Entonces una noche, luego del trabajo saco el frasco del refrigerador y descubro que el trozo de oreja ha crecido. Igual que los brotes de lechuga y otras verduras que mi abuela guardaba en frascos con agua para que volviesen a brotar. La oreja, de hecho, ahora está entera. Ocupa casi todo el frasco cuando la saco y decido lavarla para revisarla con mayor detenimiento. Por un momento pienso que si la dejo crecer tal vez termine brotando un cuerpo. Sé que es absurdo, pero eso es lo que pensé. Luego, sin pensarlo mucho, me acerqué esa oreja a una de las mías y presté atención. Me pareció escuchar voces o algo similar desde el otro lado de la oreja. Hablaban entre ellas, al parecer, pero no pude notar qué decían. Igual transcribí algunas palabras sueltas, pero no les encuentro mucho sentido. Si tienes tiempo otro día puedo mostrarte esos apuntes, pero ahora simplemente te lo cuento rápido. No para qué juzgues ni nada, pero para qué sepas un poco en qué estoy. Casi siempre es por eso, a fin de cuentas. Cuando te hablo, quiero decir. Todo bien, por cierto, más allá de esto. Todo bien. Ahí me cuentas, si quieres saber más.

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