miércoles, 12 de marzo de 2025

La mañana te sacude como a un mantel con migas.



I.

La mañana te sacude como a un mantel con migas.

Mala imagen, es cierto, pero así te sientes.

Parece bueno, al principio, pero luego descubres que no es tal.

Y es que te das cuenta, de pronto, que las manchas siguen en la tela.

En la tela del mantel que eres, me refiero.

Sin migas, es cierto, pero eso nunca fue un problema, realmente.

Mala imagen, entonces, para comenzar.



II.

De puro ocioso, mientras avanza el día, comienzas a hacerte preguntas.

¿Puede un mantel sacudirse a sí mismo?, es una de ellas.

Te gusta como suena así que la repites, mentalmente, unas cuántas veces.

Incluso, ensayas respuestas a esa misma pregunta.

De hecho, te quedas repitiendo una que parece sacada de un texto de autoayuda:

Puede que no pueda -te dices-, pero ponerse al viento ayuda.



III.

Pasa el tiempo.

Comienza a atardecer.

Aclaro que esto es un hecho simple, no una sensación ni algo para contemplar.

Así y todo, mientras el hecho ocurre, te escuchas a ti mismo comentar que la felicidad, ciertamente, es una cuestión banal.

Sin embargo -agregas- no lo es la siguiente pregunta: la que trata del sentido.

Olvidemos el mantel con migas, te dices.

Tampoco fundemos la esperanza en el viento, que es ajeno.

Seamos honestos al menos una vez, antes que llegue la noche.

Tú lo sabes, y bien puedes decirlo:

El mundo no es un perro moviéndote la cola.

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