martes, 25 de marzo de 2025

Llueven palabras, no ideas.



Llueven palabras, no ideas.

No te inquietes.

Cualquier cuestionamiento es, a fin de cuentas, innecesario.

Quédate tranquilo.

No es algo que debas descifrar.

Solo cuídate al salir.

Cuídate de las palabras, me refiero.

Que no te golpeen las más grandes.

No expongas la piel a sus bordes.

No pises las ya caídas, si vas descalzo.

No te confíes.

Lo que importa de ellas, por esta vez, no es su significado.

Solo caen.

Piénsalo así.

Nadie está tratando de decirte algo.

No hay mensajes ocultos.

No hay motivaciones secretas al dejarlas caer.

Puede que se forme algo, es cierto, pero solo es fruto del azar.

Un poema dadaísta, digamos.

Piensa, si quieres, en esas antiguas sopas de letras.

Imagínatelo así.

Puedes jugar a formar algo, es cierto, pero no es el punto.

Y al final, por si fuera poco, la sopa se enfría.

Hazme caso.

Solo cuídate, al salir.

O si prefieres: no salgas bajo esa lluvia.

Protégete.

Sobre todo, protégete.

No indagues.

No descifres.

Cubre tus oídos, incluso, para que no salpiquen.

Déjalas caer, simplemente.

Si parecen decir algo, no las oigas.

No hay significados ocultos para ti, fuera de ti.

Repítelo como un mantra:

No hay significados ocultos para ti, fuera de ti.

Recuerda: llueven palabras, no ideas.

No te inquietes.

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