miércoles, 10 de septiembre de 2014

Ver o no el sombrero.



-Es extraño porque sé que no lo tengo –dijo mi amigo-. Pero siempre que me miro en un espejo me veo portando un sombrero.

-¿En la cabeza? –pregunté yo.

-Sí po, ahueonao –me dijo.

Yo guardé silencio.

-Me pasa hace unas semanas, sin ninguna razón aparente… sin ningún significado que comprenda… -agregó.

Yo permanecía un tanto escéptico. Quizá se me notaba.

-¿Quieres ver? –me preguntó entonces.

-¿Qué cosa…? ¿El sombrero?

-Claro… Mira, allá hay un espejo.

Fuimos hasta allá.

En el reflejo, por cierto, se le veía claramente un gran sombrero negro.

-Es un sombrero pirata –me dijo-. Tiene buen estilo…

Era cierto.

Incluso tenía una calavera en el sector frontal.

Le tomé unas fotos al reflejo, pero tampoco salía el sombrero.

-¿Y si es una alucinación? –preguntó de pronto-. Qué ocurre si solo nosotros lo vemos y…

-Eso no va a pasar –dije yo-. No podríamos verlo los dos… Debe existir de alguna forma.

La conclusión nos pareció sensata.

Luego comprobamos.

-¿Le ves el bordado rojo en las puntas…? -preguntó él.

-Sí, claro…

-¿Y esa parte de tela que baja, justo hasta la altura de mis lentes…? –volvió a preguntar.

-¿Qué lentes, hueón? –pregunté yo.

Nos quedamos un momento en silencio.

Y claro... fue entonces que nos dimos cuenta de algo.

Ambos veíamos el mismo sombrero, pero ciertamente no veíamos lo mismo al ver al otro.

Lo comprobamos incluso fuera del reflejo.

Así, para comprobar, le preguntamos a gente que pasaba por el lugar.

Todas las respuestas eran asombrosas.

Una señora vio a mi amigo con bigotes curvos.

Otra lo vio albino y un tanto obeso.

A mí mismo, incluso, una señora me vio calvo.

Todas las respuestas variaban y ninguna calzaba con lo que realmente éramos, o veíamos…

Seguimos preguntando para asegurarnos.

La situación seguía igual.

Finalmente, cada uno se fue por su lado.

Hagan la prueba ustedes, si no me creen.

Estoy seguro que esto es algo que debe ocurrirle a todos.

Eso pienso ahora, al menos, mientras intento comprobar mis propias percepciones.

Así, a oscuras, toco mi rostro con las manos, antes de dormir.

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