sábado, 6 de abril de 2013

La chica que bailaba siempre de la misma forma.



La chica esa que bailaba todo de la misma forma...

¿Te acuerdas?

La vimos un día en una fiesta en el barrio L.

No importaba el ritmo, ella repetía siempre los mismos movimientos.

Tú decías que era un poco como todos…

Pero lo decías sin molestia, sonriendo.

Me refiero a que parecías casi admirar a esa chica.

Si hasta te alegrabas cuando surgía otro ritmo y ella no cambiaba.

Aunque claro… tú te alegrabas ante casi todo el mundo.

De hecho, tú tampoco cambiabas tu sonrisa, ahora que lo pienso.

No digo que fuese falsa, no malentiendas.

Pero sin duda era algo que no cambiaba.

Nada era accidental en ello, me refiero.

Y no importaba cuestionarse si los otros la merecían.

Por lo mismo, nunca supe concluir si aquello era justo o no lo era.

Pero bueno… me acordaba también que tú me enviaste a bailar con esa chica.

No es que me obligaras, por cierto, pero sin duda yo no lo habría hecho sin algún impulso.

Y sí… fue una sensación extraña, según recuerdo.

Se parece a ti, fue lo primero que pensé, mientras bailaba con ella.

Y es que mientras bailaba yo también te miraba, a un costado.

Y claro… tú, sonreías, como siempre, y hablabas un poco con todos.

No sé por qué eso me molestó tanto en ese momento.

Y es que no eran celos, como decías tú.

Ni tampoco inseguridad o cosas de ese estilo.

Todo era más bien parte de una molestia.

Una molestia porque tú vivías también de la misma forma, sin importar el ritmo.

Y eso no me pareció tan admirable, como hasta entonces.

De eso me di cuenta mientras bailaba con esa chica.

Porque amar todo es también de cierta forma amar nada, pensé entonces.

Así, mientras pensaba, se acabó la música.

La chica dejó de bailar y nosotros debíamos irnos.

Tú te despedías de todos y hablabas y hasta te reías.

Yo estaba serio, en tanto, o al menos ausente.

Luego, cuando salimos del lugar, tú me preguntaste qué sucedía.

Yo no supe explicarlo.

Los ojos de esa chica no veían lo mismo que tú, creo que dije.

Ambas no notan las mismas diferencias, señalé.

Tú pensaste entonces que yo hablaba por celos y que estaba borracho.

Y bueno… estaba borracho, pero sigo pensando que no eran celos.

Egoísmo quizá, por no ser una música diferente para ti… por no hacerte bailar a otro ritmo.

Y claro… egoísmo por no ser visto, o no al menos de una forma diferente a la del resto del mundo.

Años después, cuando nos despedimos, vi esos mismos ojos.

Los amaba, claro, pero yo aún quería sentirme como una música especial.

Nunca quise aceptarlo; aún no puedo hacerlo…

Por otro lado, a veces me pregunto si la chica esa seguirá bailando aún de la misma forma…

¿Te acuerdas?

Tú decías que era un poco como todos, pero no explicabas.

Y es que no importaba el ritmo, ella repetía siempre los mismos movimientos.

2 comentarios:

  1. A veces nos perdemos en la realidad, que se confunde con nuestros pensamientos.
    Quizás hayan sido, efectivamente, celos...

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  2. que linda entrada Vian, linda por lo real (...mente linda) y no por lo linda de no saber que adjetivo usar.
    Pareciera que todos queremos ser la huella diferente, la música distinta, la cicatriz otra, el tatuaje único and yet...

    ResponderEliminar

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