viernes, 5 de abril de 2013

Algo inaceptable.


-La tercera vez que ocurrió lo de aquel chico, decidí que era algo inaceptable –me dijo-. Es decir, estábamos en medio de una clase cuando lo vimos aparecer… Y claro, su comportamiento era igual a las ocasiones anteriores, es decir, entrar de improviso, sacar una inmensa arma lanza agua y comenzar luego a mojarnos a los que estábamos ahí, sin que tuviésemos reacción alguna. Con todo, esta vez logré actuar a tiempo y pude detenerlo antes.

-¿Antes de qué…?

-Antes que la situación llegase a mayores… eso es lo importante.

-¿También iba a mojarlos, esa vez?

-Claro, tenía el arma llena de agua a un costado de la puerta, y supongo que esperaba que llegara más gente para entrarla…

-¿Y qué hiciste, finalmente?

-Quizá fue un tanto exagerado… pero lo cierto es que me abalancé sobre aquel chico y lo derribé. Luego pedí que llamaran a seguridad, para que se lo llevaran…

-¿Pero el chico estaba enfermo?

-No sé… no creo. O no de gravedad, al menos, pensábamos entonces… pero de todas formas me pidieron que lo acompañase a llevar a casa…

-¿Llevar a chico que tiraba agua hasta su casa?

-Exacto. Lo que pasa es que al momento de detenerlo le había hecho un poco de daño y había que dar explicaciones y explicar la situación a su familia, supuestamente.

-¿Supuestamente?

-Claro, ese era el ideal, pero solo encontramos al abuelo de chico que estaba tendido aún en su cama, lleno de complicaciones médicas y con un tic extraño en uno de sus ojos…

-¿Y qué pasó?

-Nada. O nada especial, quizá… Es decir, yo me disculpé y expliqué la situación, nada más. El chico en tanto jugaba con una moneda, verificando si salía cara o cruz, antes de dar siquiera un paso. Y bueno… dos días después fue que se mató.

-¿Se mató…?

-Sí. Saltó desde un treceavo piso… En las cámaras de seguridad se ve que consulta la moneda, en un inicio… y luego se lanza… Más tarde, cuando buscaron indicios en la habitación, encontraron junto al arma de juguete un arma verdadera, automática, cargada y lista para usarse…

-¿Es verdad lo que cuentas?

-Claro. Extraño, pero cierto… Si hasta tengo la moneda…

-¿La moneda…? Pues eso no demuestra nada.

-No importa… Nada lo hace, además –concluyó.

Luego se marchó.

Yo, en tanto, me quedé pensando sobre cuál habrá sido el daño concreto que le había hecho mi interlocutor al chico de la moneda, como para haberlo obligado a disculparse.

-Una herida imperceptible luego de la muerte -me dije-, pero herida al fin y al cabo.

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