viernes, 10 de junio de 2011

Ropas sobre la cama.

.
Es extraño ver
las ropas vacías de mí
esparcidas sobre la cama.

Los calcetines sin mis pies,
los pantalones sin mis piernas
y las camisas como pieles de animal
recién arrancadas.

Eso no soy yo,
me digo cuando las miro,
y aunque resulta algo obvio
el misterio está en definir
qué es aquello
que se les ha arrancado.

Es entonces cuando comienzo
a tomarlas como si fueran
una especie de residuo,
y las apilo en un lugar común
para que duerman tranquilas
y despreocupadas.

Ustedes no saben nada,
les digo,
ustedes son como vendas
sacadas demasiado pronto
de un cuerpo que no alcanzó a sanar...
o como la cáscara vacía
de un huevo
cuyo único destino
es ser arrojada,
irremediablemente,
a la basura.

Y no es que tenga rabia
por mis ropas,
ni es tampoco que sienta
algún tipo de rechazo
por todo aquello
que estas representan…
sino simplemente ocurre
que la sensación de extrañeza
se dispersa junto con migo
como si las ropas
hubiesen sido el recipiente que permitía
al líquido Vian
mantener una forma compacta
y específica.

Y eso al menos
incomoda.

No sé qué me pasa,
les confieso entonces,
no crean que estoy mal
ni que les reprocho algo concreto,
pero a veces siento que falta
un poco de reciprocidad
en todo esto…

Y sí, puede que suene ridículo,
pero siento que nuestra relación
carece de ciertas normas…
no sé cómo decirlo…
quizá algo similar a la lealtad
que creen demostrar los gatos
cuando se acercan hasta sus amos
con un ratón muerto
colgando del hocico.


En cambio,
las ropas van quedando ahí,
como casas deshabitadas,
y hasta a veces las imagino
como tumbas vacías,
o profanadas,
y que han quedado abiertas
como un símbolo oscuro
e incomprensible.

¿Me entienden…?
les digo,
no son ustedes,
pero hay algo en definitiva
que no funciona
entre nosotros…

una lealtad inexistente,

o simplemente falta de afecto

y yo además ya me estoy poniendo viejo
como para dejar pasar esos problemas
y decir que los solucionamos mañana
o en un futuro próximo…

Y es que resulta al final que el futuro ese,
no es más próximo que el futuro más lejano,
y descubrimos entonces
que todavía más triste que mirar aquel lugar
donde no estamos,
es mirar el lugar donde sí estamos
y descubrir que no,
que algo falta,
o que solo hay ropas…

¡Tonterías…!
Diría alguien,
para dormir tranquilo.

Pero yo no.

Y me desvelo.

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