sábado, 24 de enero de 2015

El rey y sus súbditos se mondaron de risa.


I.

Creo que era en un cuento de Murakami donde un personaje hacía referencia al final de un libro:

“Y cuando todo hubo acabado el rey y sus súbditos se mondaron de risa”.

Y de la misma forma como en el cuento de Murakami el personaje solo se acordaba de ese fragmento del cuento, yo también he olvidado el texto de Murakami y solo recuerdo el recuerdo de ese otro personaje.

Como sea, lo cierto es que aquella frase es sin duda un buen final.

Eso quería decir en un inicio.


II.

Para continuar me gustaría hacer referencia a un conserje que trabajaba en un edificio en el que viví hace algunos años.

Dicho conserje tenía la particularidad de obsesionarse con la limpieza del ascensor. Así, ocurría que prácticamente en todo momento del día, lo veías limpiándolo u ocupado en detalles de su panel de mando.

Tanta era la obsesión que incluso te miraba extraño cuando lo ocupabas, lo que te hacía sentir cuestionado. Como si él te dijera: Usted solo vive en el quinto piso… ¿lo va a usar igual?

Así, dicho cuestionamiento –siempre tácito, claro-, te conducía incluso a sentir cierto tipo de culpa, como si al ocupar el ascensor realizaras una acción innecesaria, como si le rezaras a Dios, simplemente, para pedir que gane tu equipo de fútbol.


III.

Un mes antes que me fuera de ese edificio el conserje fue encontrado desmayado en la sala de lavandería.

Nunca se explicó bien el asunto, pero lo cierto es que llegó incluso una ambulancia y se lo llevaron con las sirenas encendidas.

Debo reconocer que nunca pregunté abiertamente por él.

Lo reemplazó un tipo que leía cómics de superhéroes y que tenía lentes gruesos.

El día que me fui, el ascensor estaba tan sucio que daba asco.


IV.

Nadie me preguntó por qué me fui de ese lugar.

Apenas saludaba a unos vecinos y hablaba con una señora que tenía un almacén, a un costado del edificio.

Por lo mismo, el que nadie preguntara, fue simplemente una consecuencia lógica.

Con el tiempo, la sensación que me producía el conserje cuando yo subía al ascensor se ha ido repitiendo.

Y claro, es extraño, pero supongo que tras toda esa seriedad puede que exista una especie de clave que viene a resolverse de la misma forma como el final ese que recordaba un personaje de Murakami.

Así, suelo imaginar que tras cada una de esas sensaciones existe un rey y algunos súbditos, que aguantan la risa hasta que legue el final de todo esto.

Eso quería contarles.

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