sábado, 2 de noviembre de 2013

Amigos imaginarios.



Se esconden entre tus ropas
los amigos imaginarios.

No se van.

Se aferran a tu piel,
te rasguñan
por dentro.

Juegan a que creas
que se han ido.

Esperan por ti,
cuando duermes.

Mastican y expulsan
trocitos pequeños
de ti.

Te cortan
como papel filoso.


Por ellos, envejeces.


Cambian de forma,
se dividen,
adoptan existencias extrañas.

Casas viejas.

Pasillos de madera.

Y hasta tocan tu piel
en los sueños.

¡Pobres amigos imaginarios…!

Atacan por miedo
como perros hambrientos.

Se paran junto a ti
en los sueños más oscuros.

Tú los has visto.

Puedes recordarlos.

El calvo está enfermo
y teme a los cuchillos.

También hay uno pequeño
que a veces encuentras
junto a ti

El cuarto trasero de la casa,
oscuro,
está repleto de ellos.

Te invitan a ir.

No saben recibirte.

También tienen miedo.

Caen en sí mismos.

Pisan su propia piel.

O aceptan que tu corazón
ya no los necesita.


Por ellos envejeces.


Mira sus ojos.

Llámalos.

Saldrán del sueño.

De la oscuridad.

Escucharás su voz.

No estamos listos para ellos, pensamos
y quizá es cierto…

Pero te están comiendo.

Ahora mismo están ahí,
puedes verlos si tú quieres.

Sabes que es cierto.

No es un juego.

Ellos te llevan a la muerte.

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