domingo, 4 de agosto de 2013

En tiempos como estos... llegaban los bárbaros.

“En Roma,
en tiempos como estos,
llegaban los bárbaros”
L. M.


Todos esperaban platillos, pero llegaron en cohetes.

Igual que los nuestros, por cierto, hasta con banderas similares.

Y claro, en vez de seres verdes y de antenas, los seres que bajaron nos resultaron familiares.

Misma estatura, mismas costumbres… y hasta mismo idioma.

Muchos pensaron, incluso, que se trataba de una farsa.

Su planeta, de hecho, era prácticamente igual al nuestro.

Y claro… todo salió en televisión.

Al principio fue un espectáculo sin precedentes.

Se hicieron presentaciones, entrevistas… documentales.

Pero todo resultó demasiado cotidiano, y el interés decayó rápidamente.

Las conclusiones, entonces, no tardaron en llegar:


Fue como habernos visitado a nosotros mismos.

Una copia tan perfecta que no valía ni siquiera asombrarse.


Así se zanjó el tema.

No hubo muchas preguntas y todo volvió a su cauce habitual.

De vez en cuando un viaje, es cierto.

O hasta un tratado de índole comercial.

Con todo, sus lugares turísticos y sus productos eran idénticos a los que se hacían en la Tierra.

Y claro… el costo del transporte los encarecía de forma absurda.

Todo pareció, de esta forma, estancarse.

Y muchos olvidaron, incluso, lo ocurrido.

Entonces, los cohetes de ambos mundos decidieron dirigirse a lugares desiertos.

Planetas sin vida, grupos de asteroides, satélites naturales.

Fotografiaron cráteres, tomaron muestras y encontraron grandes rocas.

Así, finalmente, todos volvieron a esperar platillos, o hasta a Dios… o a su media naranja.


Hoy, ciertamente, seguimos esperando.

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