sábado, 8 de febrero de 2014

Joyas para los pobres.

“El hombre cuya esperanza no se agota
corre siempre como un loco”



-Aunque a nadie le guste admitirlo son formas de hacer el bien –me dijo-. Extrañas formas si usted quiere, pero el bien, como resultado final, es incuestionable.

-¿De qué bien está hablando? –pregunté.

-De que he querido hacer –señaló-. Verá… primero busqué a qué sector ayudar y luego apliqué una premisa…

-No lo entiendo.

-Ya me explicaré… Pues bien, ante todo me dije que debía ayudar a los pobres y luego apliqué la premisa de que siempre hay dos opciones, incluso para la pobreza…

-Sigo sin entenderlo…

-Ser pobres es carecer de algo, Vian… o de muchas cosas… Ahora bien, yo solo soy comerciante, por lo tanto puedo avocarme a cierto tipo de carencias… o a cumplir deseos, quizá… y bueno, decidí hacer joyas para los pobres.

-¿Joyas?

-Sí, joyas. Puede sonar superficial, lo sé… pero es un anhelo válido…

-No lo estoy juzgando.

-Mejor. Así no complicamos las cosas. El punto es que ante la necesidad de esas joyas yo me plantee dos opciones: la primera, hacer joyas pequeñitas, para que pudiesen comprarlas… bueno ínfimas realmente… o de ofrecerles grandes joyas de fantasía…

-¿No pensó usted en regalar…?

-No. Soy comerciante, ya le dije. Me limito a poner los productos que necesitan al alcance de su poder adquisitivo.

-Mmm…

-Cómo sea… el asunto es que fue en ese instante que me enfrenté a esas dos posibilidades: algo verdadero e ínfimo o algo falso, pero abundante… ¿qué habría hecho usted, Vian…?

-Yo no soy comerciante.

-Es cierto. No lo es. Y como yo lo soy decidí analizar directamente las preferencias de los consumidores… ¿sabe qué eligieron?

-No.

-Pues las eligieron falsas. Falsas, pero abundantes.

-No entiendo por qué me cuenta esto.

-Por varias razones, Vian. Por varias, pero ante todo porque quiero que usted haga esos traspasos de palabras que le gusta hacer… esos juegos…

-No lo entiendo.

-Piense en la verdad, Vian… ¿es uno de sus temas, no? Piense en la verdad como esas joyas… ¿No lo ve…? Deja de ser un derecho cuando renunciamos a ella, cuando preferimos otra cosa…

-De acuerdo… si quiere le doy la razón… pero sigo sin entender a qué viene todo esto.

-Quiero que me compre joyas, Vian. Joyas para los pobres.

-¿Joyas falsas?

-Exacto. Usted también es pobre, Vian…

-No discuto eso, pero no soy pobre de joyas… es decir, no deseo joyas…

-Pues yo tengo las joyas que usted desea, aunque no lo sepa.

-¿De qué está hablando?

-De esa joya que puede ayudarlo a entender que todas las verdades son relativas… que lo único que tiene posibilidad de ser absoluto es falso… Pues bien, yo le vengo a vender ese absoluto… esa joya para que se aferre en los momentos difíciles… ¿qué me dice?

-Le digo que se meta esa joya absoluta por el culo, señor. Yo fabrico mis propias joyas, si es que entiendo a lo que se refiere…

-Pero…

-¡En el culo…! Ya le dije.


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