lunes, 1 de agosto de 2011

Sobre la necesidad de estrellarse uno mismo.

.
.

I.

Alguna vez leí
que lo mejor para dar en el blanco
era apuntar a un blanco grande.

Así de simple.

Lo malo de esto,
sin embargo,
es que en mi afán de lanzarme siempre
unido a lo que envío,
termino estrellándome
al final de mi trayecto,
como un típico hombre-bala.

Así,
con el golpe,
suele suceder que olvido incluso
hacia qué me dirigía,
y desconozco por lo tanto
si mi lanzamiento ha tenido éxito
o si mi fracaso es tan rotundo
como el propio aterrizaje.

Debiese haber leído otra cosa,
pienso entonces,
una recomendación que dijera,
por ejemplo,
que lo mejor para dar en el blanco,
era primordialmente
apuntar a un blanco blando.


II.

No son pocos los que andan por los aires
lanzándose a sí mismos.

Unos los ve cruzar
y saludarse…
e incluso,
cuando el lanzamiento es largo
y uno coincide en parte del trayecto
con algún otro,
se pueden escuchar extrañas frases,
o palabras:

“¡Melocotóooon….!”

escuché, por ejemplo,
decir una vez a alguien,
justo antes de estrellarse.

“¡Dios usa mitoooones…!”

dijo otro,
a quien no vi caer.

Casi todo lo demás
que he escuchado
me ha resultado incomprensible.


III.

Una vez conversaba con un tipo
que disfrutaba de practicar caída libre.

Es decir,
se tiraba desde aviones a gran altura,
y abría el paracaídas
en el último tramo que le era permitido.

Con todo,
recuerdo que él discutía
sobre la supuesta similitud
que tendrían
nuestras acciones.

“Ir sin soportes es siempre caer”
decía él.

Pero yo intentaba explicarle
que lanzarse era algo
totalmente distinto…
que estaba eso del impulso
y el objetivo,
por ejemplo,
y un gran número
de otras diferencias…

Cómo sea…
lo cierto es que nunca llegó a entender
mi punto de vista,
y ahora es tarde.

Y es que supe
que hace poco más de un año,
intentando batir un récord,
se lanzó de una altura desmesurada,
aplazando tanto el último momento
para abrir el paracaídas,
que para cuando tiró del cordel
ya su cuerpo estaba destrozado
sobre el piso.

Supongo que batió el récord.


IV.

Cargarse uno mismo
es lo mejor,
cuando el proyecto al que aspiramos
lleva nuestro nombre.

Puede que fallemos,
y erremos
y hasta olvidemos
los primeros objetivos…
pero lo importante
es que nuestro propio peso
fue el que nos acompañó
durante el viaje,
y que seguimos siendo nosotros
sea donde sea
que nos estrellemos.

A veces hay golpes,
es cierto,
y no pocas veces tenemos miedo…
pero debe ser hermosa
la ciudad donde viven
los hombres-bala.

Yo, por ejemplo,
hice una vez un cuento para niños
sobre ella,
mi intención era ilustrarlo
y hasta hacer juegos
donde lanzaras personajes
desde una página a otra…

Lamentablemente,
tras estrellarme
en algunos de mis viajes,
terminé olvidando aquel asunto
y hoy el cuento
se ha extraviado.

Con todo,
queda el aprendizaje

de que la vida es simple
y hasta bella

cuando te lanzas de frente
a lo que amas.

Y todo golpe
entonces,
resultó valer mucho menos
que ese aprendizaje.

7 comentarios:

  1. clap clap clap (aplausos)

    me pongo de pie y sonrío
    ...por lo maravilloso
    que aquí he leído!!!

    =)

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  2. oyeeeee me gusta, eres dinámico, creativo

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  3. Gracias (aunque parece que no lo soy para mis autocomentarios)

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  4. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  6. "¡Dios usa mitoooones...!" aaaaaaaaaaah :D

    Mmm... hace poco tuve un estrellazo y ahora estoy dispuesta a estrellarme de nuevo jajajaja jaja ja aaahm... Parece como si nunca tuviera miedo maldición.

    Me agradó tu post.

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