martes, 15 de abril de 2014

Siempre es un poco de esa forma.


Suena el celular que no tengo y me despierto del sueño que no duermo. Son las dos. Siempre es un poco de esa forma. Entonces, apago el reloj que no suena y miro las manecillas que no andan. Deben ser las dos, me digo, sin decir. Los libros que no termino están sobre la cama y hasta hay un cómic de una saga en que el héroe se queda todo el capítulo frente al espejo, sin amarrarse la capa. Un cómic sin portada, por cierto, pero en buenas condiciones. Afuera, los pájaros que no cantan deben de estar en algún sitio. Nadie piensa en ellos. Sobre un mueble, en tanto, las pruebas que no reviso se apilan junto a una serie de preguntas que yo mismo no respondo. Tareas que no realizo, me digo, aunque sé muy bien que se trata de otra cosa. Siempre es un poco de esa forma. Así, frente al computador y su hoja en blanco, escribo sin decir y avanzo y retrocedo sin motivo. Algo que parece ser la luna desvía luz hacia mi ventana. Luz de luna que no es propia, por supuesto. Son las tres. El reloj que no anda y hasta una polilla que permanece en la sombra parecen también comunicármelo. Busco un final de un texto que aparentemente no comienzo. Decir no diciendo, eso intento. Siempre es un poco de esa forma.

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