miércoles, 22 de mayo de 2013

Hemos matado tantas cosas...

“-He matado a mi mujer –dijo Martim.”
C. L., La manzana en la oscuridad.


-Hemos matado tantas cosas –dijo ella-, que matar una más ya no debe suponernos novedad alguna.

-Las cosas no se matan –dijo él.

Ella prefirió no contestar, para evitar discusiones absurdas.

-La clave es saber cuándo matar, para que aún sean cosas… –dijo ella-. La sensación antes de ser palabra, la palabra antes de ser dicha, el niño antes de nacer…

-Así se evitan culpas –dijo él.

-Sí –dijo ella-, y no solo culpas… También evitas malos entendidos…

Él asintió.

Luego, en silencio, ella se puso los guantes de goma.

-¿Te acuerdas cuando decidimos botar las ropas de invierno mientras estábamos en verano? –preguntó entonces.

-Sí –contestó él.

-Pues esto es un poco lo mismo… -agregó la mujer-, nos deshacemos de algo cuando no nos sea útil, para evitar complicaciones y pensamientos innecesarios…

-¿Y si lo necesitamos a futuro…? –dijo él.

-Pues ahí se verá –señaló ella, tajante-. Pero no tiene sentido dejarla donde está, cuando requieres espacio…

Él volvió a asentir.

Entonces, el hombre sujetó los pies de la criatura y le amarró los tobillos, con fuerza.

-Pensé que íbamos a discutir –dijo ella, sonriendo.

Él también sonrió y pensó que era cierto.

-Tal vez… -comenzó a decir él.

-No. No lo creo –dijo ella, sin dar opciones de réplica.

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