sábado, 25 de mayo de 2013

Un niño con un disfraz.



No sé quién es.

No sé si me importa quién es.

Con todo, cada cierto tiempo lo encuentro rondando.

Un niño con un disfraz, me refiero.

Camina.

Se acerca.

Finge que va a otro sitio.

Yo también finjo, por cierto, que no lo veo.

Ahora último ha optado por dejar cosas:

Dibujos a lápiz de hombres enmascarados.

Monedas de países que desconozco.

Fotografías en blanco y negro.

Entonces, yo espero a que él se aleje para recoger aquellas cosas.

(Las recojo.

Las reúno.

Las ordeno.)

A veces -debo reconocer-, hasta arriesgo interpretaciones.

Identifico pistas.

Planteo hipótesis.

Y hasta a veces creo comprender quién es, aquel niño.

Pero claro… nada de eso ocurre.

De hecho, ahora soy yo, quien ha optado por dejar olvidadas también algunas cosas.

No me consta… es cierto… pero creo que las recoge.

Así, ambos nos vamos haciendo cada vez más, con recuerdos del otro.

Y ambos, por supuesto, nos sentimos menos responsables.

No sé si es lo correcto… Lo admito.

No sé si de esa forma ambos lograremos llegar un día, a comprender quién es el otro.

Pero bueno… al menos reconociendo el disfraz, puedo saber qué del otro, no le pertenece.


Ahí está el niño nuevamente…

Esta vez ha dejado un papel, en el piso.

Se ha ido.

Su disfraz, por cierto, es lo menos importante.

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