sábado, 29 de octubre de 2011

Teníamos una buena vida, o sobre la significación de la buchaca.

"No lo sé, dijo Chloe,
quizá sea verdad."
B.V.


-Teníamos una buena vida –me dijo-. Ella tocaba el piano de una manera maravillosa y yo era excelente para jugar pool. Pero claro, como en los salones de billar no suele haber un piano y en las salas de conciertos tampoco abundan las mesas de pool, lo cierto es que comenzamos a distanciarnos un poquito.

-Comprendo –dije yo.

-Yo no me percaté, para ser sincero –continuó-, pero un día en que la bola blanca y la once estaban alineadas perfectamente en dirección de una buchaca, me di cuenta…

-Disculpe que lo interrumpa, pero ¿qué es una buchaca?

-Es donde entran las bolas del pool…

-¿Los hoyos?

-Mmm, no exactamente… esos son vacíos no más, la buchaca es como la bolsa que recibe las bolas que caen por el vacío… ¿me entiende?

-Sí, pero siga no más…

-Bueno… le decía que en un momento determinado me di cuenta de este distanciamiento… es decir, cuando vi esas dos bolas perfectamente alineadas me di cuenta que quizá nosotros ya no lo estábamos tan bien, y decidí hacer algo…

-¿Algo así como alinearse con ella?

-Eh… no… para ser sincero no. Solo me emborraché… pero lo bueno fue que comencé a dejar el pool, que era además mi fuente de trabajo.

-¿Y qué pasó?

-Muy poco. Ella salía a dar clases o pequeños conciertos y yo salía a emborracharme… hasta que un día fui a un bar que sí tenía un piano, y desde lejos pude ver una figura de espaldas, tocando, que se me hacía familiar…

-¿Era su esposa?

-Eso pensé… tenía el pelo del mismo largo y estaba tocando una melodía sencilla… unas pocas notas que parecían ir cayendo en una especie de vacío…

-¿Cómo en las buchacas?

-No… sin buchacas… caían en el vacío y pasaban por mí… era como si me estuviese dando cuenta que todo había caído siempre en mí, pero sin poder retenerlo, me refiero… como una mesa sin buchacas, por seguir su razonamiento…

-¿Y qué ocurrió entonces… en el bar…?

-Sucedió que bebí mi último trago, no tanto por sentirlo equivocado sino por sentirlo casi como un derroche, otra de las cosas que caían en mí y que iban a ningún sitio, si me entiende… conté hasta 10, recuerdo y me acerqué hasta el bar y la abracé apenas terminó la canción…

-¿Y ella?

-¿A quién se refiere?

-A su mujer, en el bar…

-Eh… es que no era ella, al final.

-¿Era otra mujer?

-Tampoco, eh… verá, era un tipo de pelo largo y con una barba espesa que me sacó dos dientes… mire…

El hombre se saca entonces una placa y me muestra sus encías, donde apenas pueden observarse un par de piezas.

-¡Querrá decir que le dejó dos dientes…! –exclamé yo, asombrado.

-No, los otros me los sacó mi mujer, cuando se fue de casa… Le arrancó las teclas al piano y luego siguió con mis dientes… bueno, en realidad le dejó cuatro teclas al piano y a mí dos dientes… ¿cree usted que signifique algo?

-¿Qué haya dejado esas cosas?

-Sí… yo a veces lo interpreto como una especie de esperanza…

-Mmm… quizá, la esperanza se cuelga a veces de las cosas más extrañas…

-Qué extraño… lo mismo me dijo Berta…

-¿Berta era su mujer?

-No, era mi amante… fue la razón por la que mi mujer me arrancara los otros dientes…

-¿Entonces su esposa lo abandonó porque usted la engañaba con Berta?

-Eh… no tanto… es decir, mi esposa lo sabía, pero un día llegó más temprano y descubrió a Berta tocando el piano…

-¿Y por eso…?

-sí… ¿y sabe? ya antes nos había sorprendido en la cama, pero no fue hasta que Berta ocupó el piano que mi mujer reaccionó…

-Sí… lo mismo le pasó a un amigo que encontró a su novia teniendo sexo con su perro…

-¿Y qué ocurrió?

-Pues que mi amigo lo esperaba de su novia, pero le amargó profundamente la infidelidad de su perro…

-¡Era de esperarse…! Malagradecido…

-Sí, eso mismo pensé…

-¿Y de mi caso que piensa…? Después de todo se lo conté para que me diese una opinión, no para que usara el material en un texto mediocre… y lo dejara ir…

-¿O sea que usted quería que yo fuese su buchaca…?

-Pues sí, podría decirse que sí… aunque ya me está aburriendo el ejemplo ese…

-Disculpe, intentaré no nombrar más esa palabra.

-Se lo agradeceré…

-…

-¿Y…? ¿Me va a decir qué piensa?

-Es que no puedo.

-¿Por qué?

-Es que pienso en eso que dije que no iba a nombrar… en la posible necesidad de aquello…

-Pero piense en mí para opinar… ¡yo no soy una buchaca!

-No, por supuesto que no, usted ni siquiera es un vacío…

-¿Qué quiere decir?

-Lo que dije: usted ni siquiera es un vacío…

-¡¿No?! ¿Y qué mierda se supone que soy entonces…?

-Dos dientes –le digo-. Por el momento…

Y justo entonces, sin aviso, le lancé el primer puñetazo.

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