viernes, 7 de octubre de 2011

No es una terapia.

.
I.

-¿Leíste el libro ese de Auster donde unos tipos deben construir un muro? –me preguntó.

-¿La música del azar?

-Sí, ese… ¿lo leíste?

-Sí.

- ¿Más de una vez…?

-Sí… pero no me pidas hoy hablar de él, por favor…

-No quería que me hablaras de él –me dijo-. Quería contarte que tras leerlo comencé yo a construir un muro… de piedra, igualito al de libro…

-¿Con piedras así de grandes? –pregunté.

-Bueno, no tanto como en el libro, realmente… pero fue lo más parecido que pude encontrar. Y el efecto es el mismo…

-¿Qué efecto?

-El de la terapia…

-¿Cuál terapia? –interrumpí.

-Construir el muro.

-¿Tú crees que construir un muro es una terapia?

-Sin duda… aunque debo admitir que el libro miente en mostrar los resultados…

-Espera… ¿estás queriendo decir que Auster escribió el libro para proponer una especie de terapia?

-Exacto.

-¿O sea que si lees Moby Dick te vas a cazar ballenas?

-No sé… quizá… ¿pero por qué te molesta que lo llame terapia?

-Me molesta que lo reduzcas a terapia… sobre todo pensando en lo que tú buscas en una terapia.

-¿Y qué crees que busco?

-El equilibrio… el dejar de preguntarse cosas que dificulten tu trabajo, o que pongan en riesgo a tu familia, por ejemplo…

-¿Y qué hay de malo en ello?

-Nada si para ti está bien, es solo que no creo que Auster pretenda transmitir lo que tú entiendes… ni que se preocupe de sanar lo que tú piensas que es una enfermedad…

-¿Qué quieres decir…?

-Que lo que tú entiendes por enfermedad quizá simplemente sea un síntoma de otra cosa…

-¿De una revelación?

-Quizá, pero no querría hablar de eso hoy y además me siento un poco intransigente…

-Quizá te ayude construir un muro…

-Gracias por la idea… pero creo que no.

-Tú te lo pierdes –me dice, y continúa explicándome las supuestas ventajas de su terapia.


II.

Tal vez sea cierto y todo sea una terapia.

A veces pienso que quizá sea bueno aceptarlo. Pero claro… si creemos en eso terminamos aceptando que nuestra vida entera es una especie de enfermedad, y eso no me gusta.

Es decir, puedo hablar de eso en ocasiones, y hasta adoptar esa postura, pero la vida no es una terapia… y vivir pensando que lo es da como último resultado un error irreparable, si no se observa a tiempo.

Podría así contar historias, recurrir a casos de amigos o de famosos o hasta centrarme en el mal ejemplo de uno mismo, pero lo cierto es que la idea acá, no necesita de ese tipo de argumentos, sino simplemente ser ordenada:

La vida no es una terapia.

No estamos enfermos.

Todo dolor, es dolor de parto.


III.

Definitivamente
no quiero la salud
al costo de perder la vida.

Por eso,
rechazo en primer término
el remedio del trabajo,
junto a todos aquellos
que buscan hacerme olvidar
que la fiebre
es mi temperatura exacta.

De esta forma,
y en resumen,
no voy a construir un muro
pensando que esta acción alivie
la enfermedad que algunos piensan
viene ligada a la vida.

Que otros hagan eso,
y lo disfruten,
o pierdan toda la vida
luchando contra lo inevitable
y oponiéndose a la enfermedad.

Yo, en cambio,
acepto la enfermedad
como una bendición,
y la agradezco.

No voy a negar que duele
e incomoda,
pero sé que es necesaria.

Y claro…
a veces dudo,

pero hoy no.

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