martes, 15 de noviembre de 2011

A ti que aguantaste cuando las cosas iban mal.

.
Te dicen que es más fácil
estar en una tormenta
que bajo una lluvia sencilla.

Y claro…
eso te dicen
porque piensan
que en la tormenta no hay opción,
pero además
sucede que ellos
-los que hablan-,
han estado nunca al interior
de una verdadera tormenta.

Quizá es por eso que tú
das vueltas buscando comprensión
e intentas dormir
incuso cuando sabes que no podrás
conciliar el sueño.

Y es que tú aguantaste
cuando las cosas iban mal.

E incluso
dejaste que hablaran
de forma absurda,
sobre dolores que no existen
fuera de ti.

Sin embargo,
más allá de tus razones,
hoy vengo a pedirte
un poco más…
quiero pedirte que mires
con afecto
al interior de cada uno
de aquellos que pensamos no han vivido
tormentas verdaderas.

Y no quiero que los juzgues,
ni que los perdones
ni que los entiendas…

Hoy vengo a pedirte que los quieras,
y a contarte
que soportar el dolor sirve de poco
cuando no nos permitimos
ampliar nuestros afectos
hacia aquellos que pensamos
no merecen recibirlos.

Sé que te ha sido difícil.

Sé que muchos otros
no lo hubiesen logrado…
y por eso te lo pido a ti.

Sé que no tomar la puerta de salida
es una tarea ardua
cuando todo parece
habernos abandonado.

Y sé también que hasta un reloj
que no funciona,
marca la hora correcta
dos veces al día…

Por eso, simplemente,
no te duermas
sin amar un poco más,
o sin regar esa planta
que creíste muerta.

Y es que a veces la vida
nos sorprende desde dentro
y nos revela que el corazón es más elástico
de lo que habíamos creído.

No dejará de doler,
es cierto,
y será difícil…

Pero yo sé que puedes.

Si no fuese así,
sin duda alguna,
no habrías leído

hasta acá.

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