miércoles, 20 de julio de 2011

Deshacerse de productos lácteos.

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Un conocido que trabaja en la compañía lechera más grande del país me cuenta que día a día deben botarse un gran número de yogurts y otros productos lácteos, para vaciar bodegas.

No recuerdo la cifra exacta, pero habla de miles de productos semanales, fácilmente.

Lo más extraño de todo, me cuenta, es que no pueden dejar de producir esa cantidad por algo que tiene que ver con el ritmo de producción de las máquinas, y con la cantidad de proveedores y el respeto a una serie de contratos ya establecidos.

Obviamente, le pregunto sobre donaciones y esas cosas y él me dice que sí, que la empresa hace donaciones constantemente y que incluso abastece regularmente a las instituciones con mayores necesidades, en relación a la cantidad de sus requerimientos.

-¿Y qué hacen con los otros productos? –le pregunto.

-Los botan… ya te dije…

-Me refiero a dónde los botan… -explico-, si son en esa cantidad debe haber una especie de vertedero o algún lugar especial para dejarlo…

-Mmm… la verdad no sé… -me dice-. Es decir, hay camiones que se los llevan día a día, pero no sé donde los llevan, realmente…

-¿Y no te parece extraño? –le pregunto.

-¿Qué cosa?

-Que un camión o un grupo de camiones se lleven todos los días una gran cantidad de productos y vuelvan sin nada, como por arte de magia…

-No tanto, realmente… además es algo que ocurre en todos lados, sobre todo con alimentos perecibles y de rápido vencimiento…

Entonces, mientras converso sobre el tema, recuerdo una vez que me perdí de pequeño siguiendo al camión de la basura, y se lo comento a esta persona.

-¿Y por qué lo seguiste? –me pregunta.

-Por algo similar a lo que te hablaba ahora –le contesto-. Quería saber qué hacían con todo eso que se llevaban, a dónde iba a parar… no me quedaba tranquilo con las explicaciones que me daban y pensaba que me ocultaban algo…

-Todo un paranoico…

-Puede ser –admito-, pero no era solo por la basura… o sea, yo pensaba que había algo más, no sé cómo llevarlo bien a palabras, pero yo imaginaba que había algo así como un ser oculto, alguien que se alimentaba con todo eso… alguien gigante claro…

-¿Alguien como un demonio?

-No… al revés, alguien como una especie de Dios, alguien que sabía el sentido de todo esto y que quizá podría explicarlo… y al que alimentaban en secreto…

-Y entonces tú seguiste al camión para que esa especie de Dios te explicara ese sentido...

-No, creo que tampoco fue eso… yo hubiese querido verlo, claro, o intuirlo con mayor certeza, quizá… pero siempre pensé que el momento de entender ese sentido iba a llegar por sí mismo…

-¿Y llegó?

-¿Qué cosa?

-El momento de entender el sentido.

-Quizá no el momento de entender un sentido dado, sino el de entender que hay que crearse ese sentido…

-…

-Aunque tampoco es eso… -admito.

-¿Y qué es entonces?

Yo lo pienso un poco, pero sinceramente no sé qué contestar. Así que cambio el tema y desvío la conversación hacia otro sitio.

Sin embargo -más allá de las dificultades que pueda tener para explicarlo-, creo sinceramente que el momento llegó, y que el sentido aquel requiere de mí cambios importantes y grandes esfuerzos… aunque también promete, por otro lado, grandes recompensas…

-¿Te interesa que averigüe hacia donde van esos camiones? –me preguntan finalmente, mientras nos despedimos.

-No es necesario –replico-. Tengo otras prioridades.

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