martes, 27 de diciembre de 2011

El pulpo Yomeculpo.

.
“Ahora ya casi no me queda corazón”.
Haruki Murakami.
.

Ya no sufre el pulpo Yomeculpo.

Él aprendió.

Hizo fiesta para celebrar
y repartió abrazos
para todos.

¡Tantos brazos y tan tonto!
dice el pulpo Yomeculpo.

Yo lo busqué en las profundidades,
pero no lo encontré
y le pregunté a los otros
si lo habían visto.

¿Al pulpo Yomeculpo?
Me decían.

Y yo decía que sí,
y les mostraba una foto plastificada.

Ellos se miraban
y parecían organizar
una respuesta adecuada.

Lo hemos visto,
decían,
pero como demoraban
en agregar información,
y como el aire se me acababa,
yo volvía a la superficie
y de regreso ellos fingían
estar desconcertados.

Al final,
luego de semanas de búsqueda,
di yo mismo con Yomeculpo
quien organizaba la fiesta
de la que les hablaba
y repartía abrazos por doquier.

¡Esto merece festejarse…!
gritaba Yomeculpo,
mientras seguía abrazando a todos,
salvo al señor Ostión
que le tiraba mordiscos
apenas el pulpo se acercaba.

Así,
entre alegrías desbordantes,
sucedió que el pulpo Yomeculpo
vino a encontrarse frente a frente
con mi figura.

¿Vian?
Preguntó él.

¿Yomeculpo?
Pregunté yo.

Y el pulpo saltó en dos patas,
y no dejaba de abrazarme.

Luego,
ya más descansados,
Yomeculpo me contó que todo había cambiado
desde que averiguó que tenía
nada menos que tres corazones.

¿¡Tres corazones?!
exclamé yo, fingiendo asombro.

¡Tres!
reforzaba el pulpo,
dándome pormenores
de su descubrimiento.

Te imaginas lo hubiese sabido antes,
continuó,
¡Cuántas cosas habrían cambiado…!

Yo le daba la razón.

Así,
la conversación siguió un rato más,
interrumpida solo por mis salidas
para tomar aire.

Por fin,
Yomeculpo se acordó para qué
había ido a visitarlo,
y me ofreció la tinta.

Esta es la última tinta que te entrego,
me dijo seriamente,
puedes usarla como quieras
pero recuerda que ahora
ya no sirve para escribir
historias tristes…

Te pido así una sencilla hoy,
y con dibujos,
para que te llenes de fe
y descubras que tienes también
corazones de sobra
como ruedas de repuesto.

¿Y cómo sabes tú
eso de las ruedas de repuesto?
le pregunté...

Pero el pulpo se fue rápido
y solo quedaron burbujas
y un frasquito de vidrio lleno de tinta
igual a aquel en que los emperadores chinos
recogían sus lágrimas.

Fue entonces que subí
y escribí estos apuntes
para contar después
a todos ustedes
correctamente su historia.

Con todo,
debo reconocer que no me sale bien
el retrato de Yomeculpo
y que mis técnicas en acuarela
son realmente precarias.

Y es que es difícil dibujar la alegría
de alguien que ha descubierto
de improviso
que tiene tres corazones.

¿Podrían intentarlo ustedes,
o al menos darme pistas?

Se ofrecen, por supuesto,
delicadas recompensas.

2 comentarios:

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