miércoles, 4 de mayo de 2011

La entrevista.

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I.

Un amigo que está en Brasil me pide que haga una entrevista a un supuesto adivino que está de visita en Chile durante algunos días.

-¡Es súper bueno, hueón! –me dice, entusiasmado.

-¿Le da su dinero a los pobres?

-No po, hueón, es súper buen adivino… Sabe todo lo que va a pasar…

-¿Y por qué sigue vivo, entonces?

-Puta, no sé, pregúntale po, hueón… además la cena la paga la revista.

-¿Y los tragos?

-También, es libre… puedes pedir lo que quieras…

-Mmm… es que tengo que revisar unos trabajos y…

-Espera… además encontré algo que te doy a cambio de la entrevista… y vas a decir que sí, seguro…

-¿También estás de vidente?

-Escucha: encontré un libro de poesía brasileña que perteneció a la Lispector y tiene hasta algunos apuntes en los márgenes.

-…

-Te mando una foto por mail.

Minutos después abro el mail y veo las imágenes. Reconozco la letra de Clarice y hasta hago acercamientos para leer un poco, y distingo la palabra “respuesta”.

Horas después, me dirijo al lugar de la entrevista.


II.

-La crisis es espiritual, no cultural, ni económica, o política –me dice un tipo bajito, de bigote, como un niño disfrazado.

-¿De qué habla?

-Disculpe, siempre me adelanto en las conversaciones –me contestó-, soy G. H., el vidente, o adivino, como quiera usted llamarme.

Yo lo saludo, incrédulo, mientras nos sentamos y viene el garzón a tomar el pedido.

-Yo también quiero un ruso blanco, pero nada más –dice él, anticipándose a mi encargo.

Y claro, ya que no tenían cervezas ese era el trago que yo había pensado pedir, aunque por contradecirlo debo reconocer que casi terminé eligiendo otro.

-Que bueno que no decidió pedir otro –me dijo luego-, le habría hecho mal para el estómago.

Los bebimos rápidamente, y de inmediato pedimos dos más, cada uno, mientras yo me animaba a comenzar la entrevista.


III.

-Nací en México –me dijo de improviso, un segundo antes que se lo preguntara-, pero he vivido en al menos 15 países desde entonces.

Yo tomé algunos apuntes y fingí que aquello no me sorprendía.

Luego, la situación siguió repitiéndose, siempre adelantándose a mis preguntas.

-Desde los cinco años…

-Demonios, de Dostoievski…

-Una vez, un cáncer al hígado, pero no suelo meterme en esas cosas…

-Nunca me casé… y no, no soy maricón…

-A los 34 años, pero esas fechas pueden cambiar…

-Sí, pero eso ya sería hablar de una crisis…

-Pero la crisis sería espiritual, no cultural, ni económica, o política…

Aquí me detuve en seco, pues me parecía que el tipo ya me lo había dicho.

-Disculpe, ¿qué era lo que me respondía con aquellas palabras? –lo interrumpí, esforzándome en ser veloz para que no me contestase antes de tiempo.

-Usted me iba a hablar de cierta idea de crisis, y me iba a citar unas frases contradictorias de Lipovetski en relación a la naturaleza de la crisis… luego todo derivaría en hablar sobre el narcisismo como tema central de la cultura norteamericana…

-Gracias, podría…

-Sí, le daré tiempo para anotarlo… y pediré por usted –me dijo. Y pidió luego otro par de rusos blancos.

Mientras anotaba algunas ideas, el tipo me preguntó el por qué de aquel trago, y antes de que yo pudiese contestarle, me dijo:

-Interesante personaje ese, del gran Lebowski…

-¿Vio la película?

-No, pero usted pensó en ella y logré entender algo de la trama.

Yo miré al tipo algo desconfiado, porque sinceramente no recordaba mucho de la trama y pensaba que al menos, en algunos temas, podía estar exagerando.

-No exagero –me dijo entonces, antes que le planteara nada-, es sólo que a veces uno logra ver un poco más allá de lo que el otro nos quiere mostrar…

-Pero… -alcancé a decir-.

-No, no se trata de una violación –se adelantó-, tómelo como un ahorro de tiempo, como tomar pastillas para que no nos dé sed…

-Pero…

-No, no es tan negativo, o sea en El principito se muestra así, pero supongo que usted tiene que hacer cosas con su tiempo…

-Pues sí, en realidad…

-Claro, las pruebas, los trabajos… la entrada en el blog…

-¿Conoce…?

-No, no lo he leído, pero le queda poco tiempo… aunque esas cosas pueden cambiar claro…

-¿Y…?

-¿De verdad quiere saberlo?

-Para qué me lo pregunta, si usted...

-No, no lo tenía claro… es decir, usted no lo tenía claro, pero al menos sí… más allá de la metáfora, va a terminar por ordenar la biblioteca.

-¿Y…?

-Sí, es decir, habrá de todo, cosas buenas, malas… vaya al baño mejor –se interrumpió-, porque si no un mozo se va a caer justo en la entrada y va a ser incómodo entrar, después que eso suceda.

Yo lo miré y como tenía ganas de ir, al final fui. Apenas entré sentí un ruido afuera, como de platos quebrándose y alguien que se caía, justo por el lado externo de la puerta del baño.

Me miré al espejo. Y quise aprovechar la pausa.


IV.

Pensé entonces, mientras me miraba en el espejo, algo mareado, en todo aquello que podía averiguar con aquel tipo, y por un instante me dio miedo. Es decir, no sabía si realmente quería averiguar o no algunas cosas.

Luego, no sé por qué, se me vino a la cabeza una anécdota que contaba Diógenes Laercio sobre Tales, una vez en que le habrían preguntado por qué, si según él no había diferencia alguna entre la vida y la muerte, mejor no se mataba… a lo que Tales respondió que no se mataba precisamente por eso: porque no había diferencia.

Al final, decidí aprovechar el momento y arrancarme por una ventana que daba hacia la calle, para no tener que ver de nuevo al mentalista, y sentirme tentado a averiguar otras cosas.

Ya había logrado salir cuando sentí una voz conocida y vi la figura pequeña del adivino, que me esperaba afuera de la calle.

-Quería despedirme –me dijo-, no enviará la entrevista y no me importa, además las imágenes del libro de la Lispector eran falsas…

-¿E…?

-Sí, estoy seguro, las sacó de unas fotos a unos manuscritos, que están en internet…

Miré entonces al tipo algo enojado, y lo vi de pronto asustarse y correr desesperadamente hasta desaparecer por una esquina… quizá le hubiese pegado más adelante, o no sé en verdad que habrá visto.

Por último caminé unas cuadras y tomé un taxi. Y es que estaba demasiado mareado como para volver en otro tipo de transporte.

Ah, y aunque las apuestas estén en contra, va a ganar el Manchester (2-1).

1 comentario:

  1. Entre saber y no saber no hay diferencia...

    Mejor salir por la ventana.

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