martes, 25 de mayo de 2010

Sócrates y Sócrates sentado. (Metafísica de Vian)

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"Es competencia del filósofo poder estudiar
todas esas cosas. Si no lo fuera así
¿quién examinará si Sócrates y Sócrates sentado
es la misma cosa, o si una cosa
tiene un solo contrario o qué es
lo contrario o cuántos significados tiene?"
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Aristóteles, Metafísica, IV.
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I.
No sé si son el mismo. Sócrates y Sócrates sentado, me refiero. No conozco la naturaleza de su diferencia –si es que la tienen por supuesto-, pero me imagino a ambos uno frente a otro, y sé al menos que uno de ellos está sentado: Sócrates sentado, por supuesto.
Ese es un dato que tengo.
Otro dato es que al menos uno de ellos es Sócrates, aunque no puedo asegurarlo del otro, -del sentado-, y es que Sócrates es Sócrates, de eso estoy seguro, pero Sócrates sentado no sé si lo es aún, o si lo es simplemente, o si lo será cuando deje de sentarse, o de estar sentado, que no es lo mismo.
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II.
Socrates no convive con Sócrates sentado. No en un mismo tiempo, por lo menos. Pero ambos han estado en una misma pieza. Y en un momento Sócrates golpea la puerta para que le abra Sócrates sentado; pero aunque quiera, Sócrates sentado no puede abrir la puerta, pues dejaría de ser Sócrates sentado, es decir, Sócrates siempre abre la puerta, pues Sócrates sentado, obviamente, está sentado.
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III.
Sin embargo en ocasiones, Sócrates deja de ser Sócrates, y pasa a ser Sócrates sentado. Y a veces tiene la tentación de dejar de ser Sócrates, pues la posición de Sócrates sentado es mucho más cómoda.
A modo de ejemplo, y recordando el punto anterior, diremos que Sócrates sentado, a diferencia de Sócrates, no abre puerta aguna.
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IV.
La tentación por tanto de Sócrates no consiste en dejar de ser Sócrates, es decir, él mismo; sino que es pasar a ser Sócrates sentado. Pero Sócrates piensa que no puede pasar a ser Sócrates sentado si antes no deja de ser Sócrates, es decir, él mismo.
Y esto lo atormenta.
Pues no quiere dejar de ser quien es, pero a la vez quiere ser Sócrates sentado, y en esa disyuntiva Sócrates descubre la diferencia que existe entre pasar a ser y dejar de ser.
Aunque también descubre que no sabe expresarla.
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V.
Si supiera expresarla, piensa Sócrates, si supiera...
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VI.
Ahora bien, si Sócrates estuviese en una habitación, y no digo que lo está o no lo está necesariamente, pero si lo estuviese, Sócrates no podría estar al mismo tiempo fuera de esa habitación y dentro de ella, eso está claro.
Sin embargo, en ocasiones Sócrates piensa que tampoco está dentro, y siente que algo suyo, su ser por ejemplo, puede estar en otro sitio.
No puedo pensar mi ser con mi ser, piensa Sócrates, así como no puedo tocar mi mano con mi propia y misma mano, por consiguiente mi ser si es pensado desde mí se separa de mí. Y yo, quien lo pienso, dejo también de ser Sócrates.
Y peor aún: soy nada.
Soy un ser en otro sitio y que no sabe que existe.
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VII.
Lo mismo da, piensa entonces aquel que creyó ser Sócrates y a veces quiso pasar a ser Sócrates sentado, lo mismo da, piensa, que yo quiera ser Sócrates sentado, pues es del todo imposible que yo pueda pasar a serlo, pues lo que nada es no puede pasar a ser algo distinto.
Y como todo es distinto a la nada y lo que no es no puede pasar a ser algo distinto, sólo lo que no es es eterno, pues nunca pasa a ser, por lo tanto la nada es eterna.
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VIII.
Por otra parte, como lo que no es no puede tener propiedad alguna, y se ha pensado que la nada es eterna, esa nada eventualmente pudiese ser algo distinto a la nada: de lo que valdrían dos posibles interpretaciones:
O la nada nunca fue nada pues ha pasado a ser algo y por consiguiente nunca fue una nada verdadera ni eterna,
O la vida surge de la nada por lo que es incorruptible y es también nada con apariencia de algo, con lo que no cambia su devenir -inexistente- de ninguna forma trascendente.
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IX.
Aquello que pensó ser Sócrates y temió convertirse en Sócrates sentado por dejar quien creyó ser, no teme ya más nada pues se encuentra sumergido en el aletargamiento.
Piensa que se equivocó rotundamente en todo, y de cierta forma es cierto, piensa.
Y esa forma es la única forma posible, concluye.
Entonces aquello como si piernas tuviese y aquellas le temblasen, siente que caerá rotundamente, que si hubiese sido quien creyó ser ahora pasará a ser -cosa que no es, piensa, en todo caso-, aquello que quiso ser, pero no por dejar quien creyó que era.
Y sin más, aquello que creyó ser Sócrates decide doblar las piernas que no tiene, pues no tiene ser alguno para perder.
Pues su existencia es similar a una apuesta sin monto.
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X.
Y entonces, aquello que creyó ser, decide sentarse. Pero justamente al hacerlo cae al suelo, pues alguien le corre la silla.
Y aquello siente un peso que es quizá su propio peso venido abajo.
Y piensa además en quién le corrió la silla.
Quizá fue Sócrates, piensa, y se sonríe a sí mismo.
Pues no pudo ser Sócrates sentado.
Y es que quizá Sócrates debe descansar para seguir siendo Sócrates.
Concluye.
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Como sea, lo único cierto es que Sócrates no logró ser Sócrates sentado.
Y que en una habitación hay algo volcado y hay también volcada una silla.
Y que al menos uno de ambos ríe, feliz de no ser eterno.

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