miércoles, 2 de febrero de 2011

¿Y si mi padre fuera Don Francisco?

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"Con el tiempo surgirán nuevas preguntas
que podremos denominar existenciales,
aunque las verdaderas interrogantes, supongo,
seguirán siendo las mismas."
Otto Wingarden
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Cuando chico pasé por esa etapa en la que dudas si eres o no hijo de tus padres. Indagué en papeles, en el pasaporte (pues nací en el extranjero), y le di vueltas al asunto por un largo tiempo.

No es que me atormentara la situación, en todo caso, sino simplemente que había piezas en la vida que no encajaban y claro… uno le buscaba explicación a aquello que supuestamente todos vivían, aunque sin hacerse muchas preguntas.

Con los años, sin embargo, uno aprende que no es especial, y que las preguntas aquellas sobre el encaje perfecto de las piezas de la vida es algo que en algún momento todo el mundo se ha hecho, desde Buda a Mike Tyson… pasando incluso por los jovencitos felices que aparecen en algunos programas de tv, bailando o saltando, algo escasos de ropa.

La pregunta ahora es saber, después de todo, si uno realmente estuvo más a gusto con esas preguntas y forcejeando con el rompecabezas de la existencia, que aquellos chicos y chicas de tv, o que el almacenero de la esquina, o que la mujer que vendía comida para mascotas y que dicen se mató la semana pasada.

Ahora bien, tenemos esto como algo de fondo… como las piezas desparramadas del rompecabezas ese del que les hablaba… ahora imagínense si a eso, -a eso que nos ha costado acostumbrarnos, pero que ya estamos consiguiendo-, se le suma de pronto tu madre diciéndote poco antes de morir…

-Hijo… tu padre verdadero es…

-¿Quién madre…? dilo…

-Tú padre es… Don Francisco.

-¡Nooooooooo!

Y luego el asunto ese de la muerte, de vestirse de negro… de pagar el ataúd y los costos fúnebres… de abrazar a los que dicen que lo lamentan, al que creíste era tu padre… y después te quedas a solas, recordando Sábados Gigantes, pensando de pronto en decirle hermana a la Vivi o sabiendo antes que todos el verdadero cómputo de la Teletón… y te vas entonces a mirar al espejo, porque a lo mejor siempre te pareciste y nunca lo habías notado… y luego las reuniones con los amigos:

-¿Qué te pasa hueón…?

-Nada, estoy sobrio.

-Sí, pero por qué… ¿es por tu madre…?

Y uno dudando cómo chucha plantear que en realidad lo que pasa es que el viejo ese que huevea con la Cuatro o que se pone sombreros raros cuando sale el Chacal de la trompeta… que ese… no sé… que ese “tipo”… es tu verdadero padre.

Y es que claro, es la ausencia de estas cosas lo que tranquiliza al hombre… o la ausencia de Dios, como decía Hölderlin.

Porque uno se puede revelar, es cierto, contra las cosas malas, o falsas… Es decir… uno de hecho está obligado a revelarse ante algunas circunstancias, o convencionalismos… pero ¿qué sucede con estas cosas? ¿Hay un libro de autoayuda, un pasaje de la Biblia o algo que te diga qué hacer con todo esto…?

Además, por si fuera poco, está el asunto ese de la verdad. Eso que nos enseñaron que era bueno… que era la base de la relación que debe existir entre aquello que somos y aquello que amamos… pero… ¡por la mierda! ¡¿Qué hago si mi padre es Don Francisco?!

Y claro… quizá piensen ustedes en las posibilidades… en los beneficios económicos… o en todo eso que se usa para cimentar el espejismo en que vivimos…

-Mire -te dicen entonces-, piénselo un momento: la verdad está siempre por probarse, es algo por demostrar… algo inconcluso… Es decir, la verdad es siempre “un camino a” o “un camino hacia”, pero ni siquiera podemos asegurar que sea un camino hacia ella misma… o sea, no hemos llegado aún a ese final, y no podemos por tanto decir hacia dónde conduce ese camino…

-Creo que no lo entiendo…

-¿Quiere usted una cifra concreta… o es que acaso no comprende?

-No, yo comprendo todo, pero todo lo que no debe ser comprendido…

Y es que es siempre así, a fin de cuentas. Uno comprende cosas, suma entendimientos y al final el resultado nunca calza con la cifra esa que debiera dejarte tranquilo…

Y la vida se nos va así… por supuesto –porque de que se pasa, se pasa… de eso no hay duda-, sacando cuentas y arrugando papeles y callándonos cosas… aunque por otro lado, -y esto también es cierto-, el desastre no termina siendo nunca el gran desastre como creíste siempre… porque al final el fin del mundo no existe, o existe de una forma totalmente distinta o inesperada…

-¿Quiere usted decir que el fin es siempre distinto a lo que esperamos?

-¡Claro…! Si hasta es posible que bailemos al final todos juntos… con Don Francisco y todo, como en las películas indias…

-Usted está loco.

-No, es sólo que a veces creo que así es la muerte… un baile que puede resultar absurdo, o enternecerte hasta las lágrimas… eso depende…

-¿Y de qué depende? ¿De la muerte que hayamos tenido… del fin que elegimos tener…?

-No… lo único que elegimos es la forma de vivir… morir es algo que no se elige… ni siquiera el suicidio se elige realmente… y depende de eso, claro… de la forma de vivir me refiero… Depende de nosotros.

Entonces los otros comienzan a pensar que estás borracho. Y se ríen y se alejan. Y contarán como anécdota lo ocurrido el día ese en que sospechaste que podías ser hijo de Don Francis, el día en que incluso espiaste a tu madre para ver si tenía alguna reacción extraña mientras miraba el programa... y no te atreviste a hacer la pregunta...

Porque claro… a fin de cuentas todos tenemos preguntas que hacernos… el problema de fondo, sin embargo, es que no tenemos casi nunca a quién hacerles, esas mismas preguntas.
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3 comentarios:

  1. Me gustó mucho este post!
    Nunca dudé de mi padres porque, desafortunadamente, me parezco en sus manías, en su mal carácter y en su miopía.
    Lo que una vez sí hice fue sacar cuentas para ver si había sido "torta" (como le dicen en CR a los niños que son concebidos antes del matrimonio). Resulta que sí, fui torta aunque mi mamá no lo acepte y se haga bolas cuando le digo que las fechas no cuadran jajajaja

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  2. " Uno comprende cosas, suma entendimientos y al final el resultado nunca calza con la cifra esa que debiera dejarte tranquilo…"

    Tres post leídos, me encanta tu blog.
    Sí yo lo dudé, rubiecilla, de ojos claros, con padres morenos. Toda mi adolescencia busqué la certeza de que no era eso único que no podía dudar que era.

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