domingo, 7 de noviembre de 2010

Nueva teoría del pliegue, o teoría de Vian. (Parte I)

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I. Aclaración y convocatoria.

Buenas noches, he citado a esta conferencia para dar a conocer los principios de una nueva teoría que ha de transformar profundamente lo hasta ahora entendido como modelos fundacionales y que abrirá, espero, profundas discusiones sobre aquello que hemos entendido hasta hoy, como espacio físico, y que ya no se sustenta, prácticamente, de forma alguna.

Antes de enunciar y explicar esta teoría me gustaría, sin embargo, distanciarme profundamente de aquellas consideraciones sobre los pliegues, desarrolladas por el fallecido señor Deleuze, quien, -malinterpretando un concepto utilizado por el también fallecido señor Leibniz-, apenas estableció, según mi punto de vista, ciertos criterios útiles a la hora de analizar e interpretar el mundo representado en planos estéticos bidimensionales, a partir de un antojadizo trabajo con obras artísticas principalmente barrocas donde el pliegue parece actuar casi como barrera entre dos ámbitos de un mismo mundo que se pretende organizar y explicar, digamos, topológicamente.

Es decir, más suscintamente, me distancio de Deleuze porque su única intención es articular sus propios conocimientos y referentes en una serie de pliegues malentendidos y artificiales valiéndose de un genio como Liebniz al que incluso yo, -por respeto-, temo, en ocasiones, acercarme.

Por otra parte, antes de iniciar mi exposición, me gustaría dejar en claro que el término pliegue que pretendo establecer como central en mi teoría, no dice relación directa con la imagen mental que ustedes pueden estar realizando en este momento... Es decir, les pido a todos ustedes que olviden esa imagen de pliegue y los distintos reparos que puedan hacer a priori a mi teoría y se limiten a escucharla y, en lo posible, a entenderla y aplaudirla... hacia el final, por supuesto. Al menos en el último punto.

II. Puntos de acercamiento.

¿Les ha pasado alguna vez que necesitan pegar algo con scotch, o cinta adhesiva, y que les es imposible encontrar la punta más cercana a ustedes pues ésta se ha pegado al contorno de la huincha y no logran distinguirla con facilidad?

Pues bien, si les ha pasado, convendrán conmigo en que para encontrar dicho extremo, una de las soluciones más recurrentes es buscar cuidadosamente con la ayuda de la yema de algún dedo y hasta con alguna uña, un pequeño saliente de dicho extremo... ¿cierto que sí?

Bien, ¿tienen el extremo? ¿tienen la imagen del encuentro de ese extremo? Pues entonces tienen también la imagen mental de lo que entiendo por pliegue.

Por lo tanto, mi idea de pliegue, en vez de relacionarse con aquellos que hacen que la alfombra de vustra casa se curve y sobresalga en algunos sectores, o que producen algún tipo de relieve en vuestras ropas, es más bien similar al espacio existente entre la alfombra y el piso, sólo que el pliegue que pretendo establecer no es percibido al nivel de las dimensiones habituales y su encuentro, de haberlo, es un hecho tan hermoso y milagroso, como encontrarse con uno mismo, alegre y todo, en un día como hoy, extrañamente lluvioso, y compartir un abrazo fraterno bajo el agua, mientras nos refrescamos y nos libramos de posibles cargas.

III. Distanciamientos.

Durante años, he estudiado a fondo diversas teorías, originadas principalmente en el campo de la física, pero que, para dar respuesta a una totalidad a la que la física no tiene acceso, he debido complementar con ideas extraídas desde el campo de las matemáticas, y, más aún, de las metamatemáticas.

Encontrarán por tanto, a lo largo de mi exposición, afinidades mínimas con algunos aspectos contenidos en las distintas teorías de las cuerdas y con muchas otras posturas tendientes a construir una teoría cuántica de la gravitación, con las que, sin embargo, existen importantes distanciamientos.

El más importante de todos ellos, y por lo tanto el primer distanciamiento que me gustaría nombrar, es el objetivo, el para qué de esta teoría. La justificación de su existencia.

Y es que si bien creo en las buenas intenciones de algunos de aquellos que las han planteado, siento que ninguna de estas teorías nos son necesarias en lo absoluto. Es decir, lo que alcanzamos a conocer(nos), comprender(nos) y explicar(nos) luego de aceptar(las) o conocer(las), es igual o similar a nada, y no constituye por tanto avance o crecimiento en el tamaño esencial -dado a la comprensión- del individuo que adquiere y comparte los fundamentos de dichas teorías.

Otro distanciamiento importante -aunque doloroso- me lleva a alejarme de todos aquellos que, con el fin de dar prueba de sus teorías, terminan por dividir la realidad empírica a elementos ínfimos e indemostrables, llegando a la proposición de dimensiones adicionales que son del todo indemostrables a partir de la inobservabilidad que ellas suponen.

Por lo tanto, si bien pudiese aceptar la existencia de las seis dimensiones compactificadas que permiten sostener la existencia funcional de las distintas teorías de las cuerdas, objeto tajantemente el aparataje pseudocientífico a través del cual se ha querido otorgar sustancia a estas dimensiones, errando el camino, que hubiese podido conducirnos a su entendimiento, y verdadera valoración.

Y es que el asunto no es aquí crear una teoría que opere en diez, doce o veinte dimensiones, sino que, en primera instancia, debemos identificar aquellas dimensiones que en nosotros -y compartiendo una misma naturaleza que las dimensiones básicas observables y demostrables- existen.

IV. El descubrimiento.

Pero como para toda teoría existe un momento inicial, creo que es necesario que les cuente el mío. Pensemos en la manzana de Newton, o el momento de lujuria que precedió a la concepción de la mayoría de nosotros y entendamos aquello como el punto identificable de proyección para que aquello que comienza a existir, tome la forma, discursiva y/o espacial con la que hoy día lo conocemos.

Pues bien, estaba ayer en un día complejo -por razones, sensaciones y recuerdos que aquí no vienen al caso-, cuando de pronto, a falta de un otro, empecé a toquetearme.

No se piense aquí que este toqueteo, sea reducible en modo alguno a lo que se entiende comúnmente como masturbación u onanimso, sino que mi toqueteo, sin ser metafísico, exploraba mi piel de la misma forma como -les decía hace un momento- se busca el extremo perdido de una cinta adhesiva, un un rollo que la contiene, y la oculta al mismo tiempo.

Y entonces... ¡Eureka! Lo encontré. Logré descubirir ese extremo de piel, ese pliegue escondido que daba también acceso a otra manera de entender el espacio físico humano, y, por tanto, comencé a investigar y elaborar esta teoría que hoy pretendo -y veo ahora que por tiempo quizá deba decir pretendía- enseñarles.

Pensé entonces en Hawking, en Kaluza -que si no hubiese hablado de electromagnetismo y hubiese entendido los campos espirituales como base para complementar la gravitación se habría quizá adelantado a mi teoría-, pensé en Scherk, en Nishijima, en Feynman... y me di cuenta del error sustancial en que todos ellos habían caído. Y hasta me reí de ellos, con cariño.

Y es que ellos no habían buscado en sí mismos. Yo sí. Y comprendí que el único sistema capaz de explicar completamente el mundo al que tenemos acceso, es aquel que nos permite, al mismo tiempo, entender el sistema que recibe nuestro nombre y que contiene además, para que lo descubramos, nuestro propio significado.

Porque no existimos, como pudiese parecer a ambos lados del pliegue que encontramos en nosotros. Somos el pliegue. Y todas aquellas ciencias que se basan en la exploración del mundo como un otro, o analizan nuestro comportamiento diferenciando entre sujeto y objeto, no han sabido ver bien lo que es realmente la naturaleza del mundo, y de las teorías, por tanto, que se necesitan para explicarlo.

Por eso es que hoy quería presentarles la que he denominado teoría de Vian, pero tengo tanto miedo de expresarme mal, o que no se entienda...y el sonido de la lluvia está tan bello a esta hora, que mejor los cito a otra conferencia para mañana a esta misma hora, y prometo avanzar de manera más certera sobre el tema.

Buenas noches.

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