jueves, 27 de septiembre de 2012

Blancanieves y el octavo enanito.


“Toda mentira necesaria
resulta hermosa
y enternece”
Boris Vian, Canciones de cuna.


Lejos de ser el nombre de una película porno –como podría sugerir a una mente perturbada-, Blancanieves y el octavo enanito es un extraño libro para niños que tuve la suerte de encontrar en una vieja librería hace algunos días.

Con ilustraciones en acuarela, una trama sutil y la utilización de pequeñas frases que no parecen tener una rigurosidad lógica, he pasado ya varias horas tratando de traducirlo desde el polaco, que es, por cierto, el idioma en que se encuentra escrito.

De esta forma, me he encontrado con una historia que convive junto a la historia oficial de Blancanieves.

En concreto, se trata de la presencia de un octavo enanito, mucho más pequeño que los otros, y que no es tenido en cuenta por los otros personajes del relato.

Así, si bien suele estar junto a las acciones centrales de la historia, el octavo enanito apenas participa en el relato, y sus acciones no parecen diferenciarse de las del resto de.las que realizan los otros enanos.

Es decir, acompaña a los enanos al trabajo, cena en una pequeño puesto junto a ellos y hasta observa embobado a Blancanieves igual que sus otros compañeros.

Ahora bien -se pregunta el narrador de ese relato-, ¿era más pequeño el amor que sentía ese octavo enanito, por Blancanieves, que el que sentían los otros siete? ¿Era acaso su corazón, más pequeño, incapaz de un amor con el de los otros compañeros?

Estas y otras preguntas –muchas que aún no logro traducir-, parecen invadir en distintos momentos este pequeño relato, que tiene su cumbre –según mi percepción-, en el momento en que el octavo enanito intenta, de puntillas, observar el féretro de cristal donde permanece Blancanieves, luego de ser envenenada por su madrastra.

Y es que en ese momento, el octavo enanito parece cuestionarse sobre sí mismo, preguntándose si alcanza a comprender realmente la magnitud de lo sucedido (“ya que su propia magnitud, lo llevaba a sentirse cada vez más insignificante y hasta indigno frente a las sensaciones de los otros”, dirá el narrador).

Por otro lado, el dibujo que acompaña esta escena –acuarela de tonos grises y azules-, parece disolverse en pinceladas cada vez más suaves, como si la situación narrada dejase entonces de existir de una forma concreta, y pasase a ser significada desde las propias dudas de este octavo enano, que también se desvanece, bajo el féretro.

De esta forma, más allá del par de páginas donde se desarrolla el final de la historia, es el momento en que el octavo enanito se apaga –esa es literalmente la palabra que traduce al término que lo describe en ese instante-, lo que marca el verdadero cierre de la historia.

“Sopló sobre su corazón, y se apagó de la misma forma como se hace con una vela”, es lo que dice aquella frase.

Y claro… no intenté traducir nada más, luego de esto.

1 comentario:

  1. Creo que es lo más tierno y conmovedor que he leído últimamente...

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