domingo, 22 de enero de 2012

La pelea preliminar.


I.

-Esto es como el combate preliminar –me dijo-. Nadie vino a vernos, pero peleamos de todas formas.

-¿Peleamos?

-Bueno, es un decir -se excusó-, pero al menos alegamos y decimos que es injusto y golpeamos la muralla.

-¿Golpeamos la muralla?

-Bueno, ese también es un decir, me refiero a que nos desgastamos pegándole a algo que es más firme que nosotros, pero la gente en realidad espera la verdadera batalla.

-¿La verdadera batalla?

-Sí po hueón, la verdadera, esa que puede estar relacionada directamente con la vida de los otros… ¿qué es lo que te pasa hoy? Anday raro…

-¿Raro?

-¡Raro po hueón!, si sabís perfectamente a lo que me refiero… me estay haciendo quedar mal… como que le estay robando el sentido lo que digo…

-¿Robando el sentido?

-¡No me agarrís pal hueveo, conchetumadre…! ¡Yo te planteaba cosas serias, pero tú te conformay con andar borracho y dártelas de intelectual con un libro bajo el brazo!

-¿Dármelas de intelectual?

-¡De intelecual po conchetumadre…! ¡De un intelectual de mierda! ¡Y vay a tener que dejar el libro a un lado porque te voy a sacar la cresta apenas repitay otra frase…!

-¿Otra frase…?

-¡Te lo dije…!

Fue entonces que se vino encima.


II.

La pelea fue paupérrima.

Ninguno de los dos había peleado más de dos veces en su vida, pero él ni siquiera parecía tener fuerza, así que me limité a golpearlo con el libro en la cabeza.

Eran golpes de intelectual, una pelea de ñoños, quizá, aunque de todas formas nos sacaron fuera del bar golpeándonos entre los tres encargados.

-¿Te day cuenta hueón? –me dijo, mientras se limpiaba la sangre- ¿No sé qué mierda querís demostrar con tu actitud?

-¿Demostrar?

-Demostrar po, hueón… –dijo, y volvió otra vez.

Primero, me llegó una patada y un par de puños, pero no hicieron gran daño. Luego volví a tomar la iniciativa.

Lo golpee con el libro, en un inicio, pero me cansé, y además se rompió el libro. Así, apenas cayó, tomé una piedra y comencé a golpearle el cráneo.

Lo extraño, era que en vez de romperse por el lado que la golpeaba, su cabeza se hacía más daño por el costado que daba contra el suelo, recuerdo que pensaba.

Y es que realmente aquello se sentía como estar golpeando un objeto, me decía en aquel momento, uno que requería de toda mi fuerza para quebrarse, sin duda.

Recuerdo que fue entonces -cuando la nariz se rasgó y se salió hacia un lado-, que determiné que ya era suficiente y que todo estaba demostrado.

-No hay preliminares –le dije-. No soy un intelectual y no pierdo tiempo golpeando una muralla.

Y es que puede parecerlo a veces, pero lo cierto es que no soporto hablar de más y en el fondo, me gusta que hasta la palabra más pequeña sea tomada en serio.

Espero que ustedes también, tengan eso en cuenta, llegado el caso.

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