Fue el año en que hicimos cerveza, no sé si te acuerdas.
Tú hiciste un par de cursos y yo fui probando pequeñas variaciones, principalmente en el tipo de grano y temperatura de la fermentación, pero sin lograr buenos resultados.
Al final, según recuerdo, tras hablar con varios expertos y probar otras variantes, concordamos en que el secreto estaba en el agua.
Y claro, probamos entonces con aguas de distintas fuentes o tratada de distintas formas, hasta que una tirada de cerveza resultó bastante bien.
La hicimos con agua de un pozo que extraía una señora, en las afueras de Santiago.
Fuimos hasta allá dos veces a comprar y la tercera nos quedamos al velorio de la señora, que había sufrido un paro cardiaco.
No sé si recuerdas, pero estuvimos esa vez con una hija de la señora, quien se extrañó de nuestra historia pues nos dijo que el único pozo del lugar estaba seco hacía años.
Por supuesto, no discutimos sobre ello y ya de noche, nos fuimos del lugar, sin intención de regresar.
Ahora que lo pienso, no volvimos a intentar hacer cerveza desde entonces, y ni siquiera recuerdo que hayamos vuelto a hablar sobre aquello.
Todo eso ocurrió a lo largo de un año, simplemente, según mis cálculos.
Intentamos hacer cerveza y luego lo dejamos.
De lo que aprendí, solo sé decir que el secreto estaba en el agua.
Suena bien, cuando lo dices, pero no me parece que sea un secreto en modo alguno.
¿Conoces tú, un verdadero secreto?
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