sábado, 6 de junio de 2026

No es exacto, pero ocurre así.


No es exacto, pero ocurre así.

Como si existiese una ardilla que se acercara siempre al terminar el día.

Una ardilla que aparece justo cuando te duermes y eres incapaz de percibir su llegada.

Así, cada noche, la ardilla busca en ti algo que podríamos llamar el fruto de aquel día.

Imagina, si quieres, una bellota o una nuez, para facilitar el ejemplo.

Un fruto pequeño que obtiene de ti sin que te percates y que se lleva a un sitio que también desconoces.

Imagínala empujando ese fruto, como en un documental.

O como en los dibujos animados que veías de pequeño.

Haciéndolas rodar hasta que de pronto parece llegar a su destino.

Un árbol hueco, tal vez, que se va llenando poco a poco.

Una bodega natural digamos, ubicada quién sabe dónde.

Y quién sabe, además, para qué y para quién.

Y claro… tal vez por eso es extraño.

Porque de encontrarnos un día con ese árbol probablemente intuiríamos algo.

Una especie de olor, supongo.

Algo similar a nosotros mismos oculto allá dentro.

O algo que nos completa a nosotros mismos, dentro del árbol, más bien.

De encontrarlo, estoy seguro que descubriríamos a la ardilla, que viene al terminar el día.

Y por qué no, pienso ahora, también descubriríamos otra ardilla, al comenzar.

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