Ella dice que despierta todas las mañanas con la cara hecha un lío. Yo pienso que está hablando de falta de maquillaje, ojeras o algo así, pero pronto descubro que me equivoco. Y es que ella no sabe bien cómo explicarlo, pero me dice que el lío al que se refiere es otro. Una confusión mayor, de hecho, o una desorientación de los elementos mismos del rostro. Una falta de sentido.
-No te entiendo ni mierda –le digo.
-La cara hecha un lío –me dice-. Literal. Los dos ojos al mismo lado, una oreja que se cree boca y parece querer hablar, la nariz extraviada y que termino por encontrar en la nuca, mi boca original pestañeando cada cinco segundos…
-¿Como si fueras el señor cabeza de papa? –le pregunto, sin tomármela en serio.
Ella me observa, en silencio. Parece molesta.
-Te lo cuento porque me desespera –dice ahora, con otro tono-. Cuando me ocurre pienso que no se va a pasar y trato de acomodarme la cara, desplazando piezas… Tanteando y descubriendo que me cuesta cada vez más recordar qué son cada una de esas partes y para qué sirven… De verdad estoy asustada…
-¿Pero al final siempre se arregla, no…? –le digo-. Tal vez si te repites eso puede surgir un poco de confianza y desde ahí tranquilidad… Pensar que estás saliendo del sueño simplemente y que ahí las percepciones son distintas…
-No es un sueño –me interrumpe-. Yo sé lo que es un sueño y sé lo que es tener la cara hecha un lío. Y está claro que no son lo mismo.
-De acuerdo –acepté-. No son lo mismo… Pero comprende que es algo absurdo lo que dices y que me es difícil reaccionar de otra forma.
-¿Acaso quieres que me deje la cara hecha un lío solo para que ves que es cierto? –dice ahora.
Yo me lo pienso un poco, pero finalmente digo que no. Que no es necesario.
Tras esto, me parece que ella se suaviza un poco.
Parece más tranquila, incluso.
-¿Y nunca te ha pasado? –pregunta ahora.
-¿Lo de despertar con la cara hecha un lío? –pregunto.
Ella asiente.
-No realmente –confieso-. O no la cara, al menos.
Vuelve a asentir.
Luego me observa con detenimiento.
Parece descubrir algo, entonces, mientras mira.
Algo que la hace sonreír y querer volver a hablar.
Yo la detengo con un gesto.
-Dejémoslo así –le digo.
-¿Así, hecho un lío? –pregunta.
-Sí –contesto, luego de un rato-. Dejémoslo así.
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