I.
Casi todas las cosas que ocurren, ocurren realmente en otras partes.
No es algo que me pase solo en mi región, por cierto, sino que es, según entiendo, una verdad universal.
Aceptarla de esta forma, por lo tanto, nos ahorra una serie de sensaciones cuyos resultados son estériles.
De esta misma forma, el no sentirnos únicos ni especiales, nos supone sin duda una gran ventaja.
II.
No aquí, pero en otra parte, hay en este instante una batalla que se realiza con pistolas de agua.
Si te enfocas en los rostros, por supuesto, no parece un juego, pero si observas el armamento utilizado te tranquilizarás de inmediato.
Es inofensivo, dirás, y buscarás entonces otro evento.
¿Has pensado alguna vez por qué no te atrae lo que resulta inofensivo?
III.
Decía que la mayoría de las cosas que ocurren, ocurren en otras partes.
Pero no lo decía para quejarme ni mucho menos.
De hecho, lo cierto es que me gusta estar acá.
No digo que me guste el lugar precisamente, pero a mí, al menos, me gusta estar en este sitio.
Y es cierto… probablemente si estuviese en otro lugar, sería ese el sitio que me gustaría; pero el caso es que estoy acá y no en otro lugar.
Por eso digo que me agrada este, todavía, y no el otro.
IV.
Quedarse en el mismo lugar, por otro lado, no siempre supone ahorrar sensaciones.
No quiero dejar de decirlo, pues es fácil darse mal a entender.
Los niños esos que se disparan agua, por ejemplo, ya casi no parecen niños.
Supongo que es porque el agua se acaba y deben intuir que el fin se acerca.
Confieso que no sé, cuando los miro, si eso es malo o es bueno.
¿Lo sabes tú?
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