domingo, 15 de febrero de 2026

Decía que le gustaba el olor del parque.



I.

Decía que le gustaba el olor del parque a primera hora del día. Pasearse por ahí muy temprano, sin apuro y respirando hondo, luego que el lugar ha estado toda la noche vacío.

Según explicaba, no era el olor del pasto ni el de los árboles el que le gustaba, sino algo distinto. Algo que no sabía describir exactamente, pero que se producía, según entendí, porque otro grupo de olores había desaparecido, facilitando de esa forma la percepción del aroma original.

-Seis o siete horas sin gente bastan para que el lugar se recupere y revele quién es –explicaba.

-¿Y quién es? –le preguntaba entonces.

-Eso solo puede decírtelo el mismo parque –contestaba.


II.

Probablemente lo que le molestaba era el olor de los otros, concluí, tiempo después.

No la busqué para decírselo, es cierto, pero así lo pensé.

En este sentido, inferí, le molestaba el olor de los otros, porque en el fondo le molestan los otros.

A su favor, puedo decir que seguramente ella creyó siempre que era sociable y que los otros le agradaban.

Aunque claro, no resultaron ser ciertas esas creencias.

Así y todo, me gustaría reforzar la idea de que no hubo mala intención, por parte de ella.

Solo ocurrió que creyó honestamente, pero sin comprender del todo.

Por esto, sin saberlo, solo se abrazó a sí misma, al caminar por el parque cada mañana.

Por esto, decía, y porque en el fondo no sabía, abrazar a los demás.

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