sábado, 10 de septiembre de 2016

¿Conoces Barbagny?

“Para que el cerebro del idiota se ponga en movimiento,
tienen que ocurrirle muchas cosas y muy crueles”.
L.-F. C.


Es de noche y estoy sentado en una especie de plaza, en las afueras de Santiago.

Hasta hace poco estaba leyendo y tomando unos apuntes, pero ahora descanso, nada más.

Eso hago hasta que veo a un hombre venir desde muy lejos.

Su ropa está sucia y parece cansado.

Se detiene junto a mí.

-¿Sabes dónde está Barbagny? –me pregunta.

-No lo conozco –respondo.

-Parece que es una especie de pueblo –insiste.

Yo no contesto.

El hombre deja una especie de morral en el suelo y parece mirar a la distancia.

-Al menos no es tan oscura la noche –agrega.

-No, no es tan oscura –digo yo.

Entonces el hombre se sienta en el suelo

-Nadie conoce Barbagny –comenta.

-¿Usted tampoco? –le pregunto.

-No -señala-. Yo tampoco.

Nos quedamos en silencio unos minutos.

-¿Y qué va a hacer cuando llegue a ese lugar? –le digo.

-No hablo del futuro –me dice-. Disculpe.

-No se preocupe –digo yo.

-Además, invocar la posteridad es hacer un discurso a los gusanos-. Agrega.

Yo asiento, en silencio.

Poco después, el hombre vuelve a tomar sus cosas y camina en medio de la noche.


Yo lo veo irse, sin mirar atrás.

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