jueves, 6 de agosto de 2026

Siempre el mismo.


I.

El niño que se quedó en el puente.

No al medio, exactamente, pero sí al menos sobre él.

A veces avanza en una dirección y otras veces en otra.

Nunca sale de él, sin embargo.

Si te fijas, descubres que se detiene siempre antes que el puente acabe.

Los que lo vemos caminar, de hecho, no pensamos que es el mismo.

Siempre hay niños caminando en este puente, comentamos.

Bajo el puente, el río cambia su caudal y a veces suena.


II.

Un día me fijo y luego otro hasta que estoy seguro.

Entonces voy hasta él y le pregunto.

Y claro, el niño reconoce que siempre es el mismo.

No sé hacerlo de otra forma, me dice.

No lo entiendo bien, pero asiento y le pregunto si está bien.

Él me mira como si mi pregunta no quisiera realmente decir nada.

Probablemente sea cierto.


III.

Otro día.

Yo también me he acostumbrado a pasear por el puente.

En este tiempo, he descubierto que el niño guarda algunas cosas junto a un pilar.

A veces, cuando paso junto a él lo saludo.

Una vez le pregunté el nombre y me lo dijo, pero luego lo olvidé.

Siento vergüenza por eso así que evito nombrarlo.

En cambio, le pregunto por qué llega hasta los bordes del puente y no los cruza.

Él dice que no es seguro.

No hablamos mucho más.

Cuando me alejo, pienso que no he encontrado todavía la pregunta que correcta.

Es problema mío, concluyo. Sin duda.

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