Una serpiente ha mordido mi talón y no lo suelta.
Yo la observo morderlo y como no duele, dudo por un momento que ese sea mi talón.
Entonces, para comprobarlo, busco seguir la línea del talón y compruebo que se conecta con mi pierna y que esta, por supuesto, está conmigo.
Tal vez no me duele, pienso entonces, justamente porque la serpiente me ha inyectado una especie de sedante.
O tal vez, peor aún, un veneno mortífero con efecto sedante.
Pensando en eso es que intento mover el pie, para que la serpiente suelte el talón y decida marcharse.
Extrañamente, la extremidad que responde es la que no está siendo mordida, por lo que me desequilibro al hacerlo y debo sujetarme para no caer.
Siento un sabor dulce en la boca, cuando vuelvo a equilibrarme.
Es como si me lo hubiesen dado de premio, tras tambalearme y no caer.
Como la serpiente aún no suelta mi talón pienso que tal vez lo que está ocurriendo haya cambiado también mi percepción del tiempo.
Pienso más rápido que de costumbre y apenas ha transcurrido un par de segundos, desde que mordió.
Observo el entorno y compruebo que es cierto, pues un pájaro está volando lentamente, como suspendido en el aire.
Igual si el veneno adormece, el tiempo se detiene y llega un dulzor tan agradable, no es en modo alguno el peor de los venenos, me digo.
Todo va a estar bien.
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