viernes, 21 de agosto de 2026

Funerales.


Más de doce funerales ese año, se quejaba. Incluso más de uno al mes. Como no parecían tomarla en serio comenzó a dar nombres. Fechas. Tomó una servilleta e hizo listas. Catorce, contó, luego de un rato. Catorce en once meses. Catorce a los que debió asistir. Tuvo que comprar ropa, incluso, para no repetirse. Mostró fotos. El traje gris, mostró. Con cuadritos pequeños. Dos piezas. Tal vez demasiado ajustado. Una vez usó una chaqueta extra encima y parecía otro. Le gustaba esa combinación. En algunos funerales se encontró con familiares que no veía desde hacía años. Había muchos mayores en la familia, así que todo eso era esperable, después de todo. También el barrio donde vivía estaba lleno de adultos mayores. Había dos vecinos, de hecho, entre los catorce. Se sintió obligada a ir a esos, explicó, aunque no era tan cercana. Son normas de convivencia, dijo. Nadie te las exige directamente, pero si fallas es complejo. Siguió así hablando del asunto, entre trago y trago, aunque el tema no parecía encender en los otros. De vez en cuando alguien asentía o hacía un comentario breve. Uno que otro le hizo alguna pregunta. ¿Lloraste en alguno?, recuerda que le preguntaron. No contestó de inmediato, pero luego de pensarlo dijo que no. Como se quedó callada un rato los demás aprovecharon de cambiar el tema. Antes de irse, mientras dividían la cuenta ella recordó que eran quince, no catorce. Iba a decirlo, pero finalmente decidió que no. ¿Para qué?, se dijo.

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