“El libro contiene solo recetas para el invierno,
cuando la vida es dura.
En primavera cualquiera es capaz
de preparar un buen plato.”
L. G.
Todo lo que dice aquel libro es cierto.
Desde la primera hasta la última palabra.
Puedes percibirlo cuando comienzas a leerlo.
Y puedes luego demostrarlo a medida que avanzas.
A veces pienso que esto debiese ser algo común en los libros.
Algo que se les debiese exigir incluso, para poder ser publicados.
Y es que, al ser ciertos, se abre en ellos una serie de espacios seguros.
Y puede el lector, entonces, refugiarse en ellos sin necesidad de cuestionarlos.
A veces cuando planteo lo anterior, me dicen que es una postura cómoda.
Y que las palabras, en realidad, no se hicieron para protegernos de nada.
Ellos dicen, de hecho, que las palabras nos exponen
y que no necesariamente están hechas para decir una verdad.
Entonces pienso que si fuese así, y ellos han expresado esto con palabras,
bien podrían no reflejar, esas mismas palabras, algo cierto.
Cómo sea… lo importante aquí es que aquel libro no miente.
Y que leerlo, es como mirar un lugar lleno de cosas conocidas, bien iluminadas.
No hay sorpresas, quiero decir, y hoy pienso que eso es bueno.
Como Vian está dormido, además, debo aprovechar y avanzar lo más que pueda.
Y es que hoy puedo leerlo, digamos, sin recibir ningún reclamo.
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