miércoles, 2 de septiembre de 2026

El corazón del objeto es el objeto.


I.

El corazón del objeto es el objeto.

El ser humano, en cambio, se complica demasiado.

Pretende distinguir órganos, funciones, emociones…

Llenándose así de nombres que no saben lo que nombran.

Intentan de esa forma parcelar un río o un océano entero.

No lo logran, por supuesto.

Aman y compran por pociones.

Amputan incluso partes de su cuerpo, cuando dicen que no les llega sangre.


II.

El corazón del objeto es el objeto.

No hay distinción alguna.

Ellos mismos incluso la desconocen, y de esa forma se conocen de inmediato.

Un montón de objetos juntos son de inmediato un montón de corazones.

No laten al unísono y tampoco lo intentan.

Saben que lo otro es siempre otro y no se angustian.

No gritan no rasgan su piel cuando otro objeto muere o los abandona.

No hay engaño alguno en el objeto.

No se plantean si es posible.


III.

El corazón del objeto es el objeto.

Su existencia es su forma de latir, y de cierta forma es un único latido.

Se dejan mover de un lado a otro sin preocuparse.

No les afectan las voces que dicen ser sus dueños.

Un día, por supuesto, dejarán de ser, como todos.

Pero no sabrán que es triste.

Sabrán que han sido, eso sí, y que luego dejaron de serlo.

El corazón de un objeto es el objeto, dirían antes de partir.

Pero saben que es innecesario.

martes, 1 de septiembre de 2026

En ningún sitio.

“-Son muchos.
-No. Son tus ojos los que ven muchos”
M.

I.

Vino hasta aquí a decirme lo que pensaba.

O a quejarse más bien, por aquello que veía.

Me pareció tan absurdo que me molesté, pues no consideré que yo tuviese relación con ese asunto.

Entonces sí… dije unas cuantas cosas, pero no con el ánimo de ofender sino de aclarar sus observaciones.

Mi objetivo fue ese, en todo momento, puedo asegurarlo.

No tuve otra intención.

Además, ya sabes qué te recomiendan si el problema es el ojo.

Tal vez, supongo, ella había leído sobre aquello.


II.

Quedaron ahí, en el suelo, como canicas.

No canicas limpias, por supuesto, pero es mejor decirlo así.

Ayuda mejor a comprender lo sucedido, dijo mi abogado.

Casi todo lo dice él, por cierto.

A mí, en cambio, no me dejan hablar.

Quiero explicar la naturaleza del problema, pero me dicen que nadie va a comprenderlo.

Y que no es necesario, si ella habla con verdad.


III.

Una sola vez la vi, en el juicio.

No directamente, pero proyectaron un video suyo, esa vez.

En la pantalla, ella seguía quejándose de aquello que había visto y que, según sus palabras, todavía veía.

Ya notarán que eso es absurdo, dijo mi abogado.

Lo hicieron callar y seguimos observando la grabación.

Luego, afortunadamente, ella señaló que yo no tenía culpa alguna.

O sea, no directamente, pero dijo que el culpable no podía llevarse a juicio.

Con eso bastó.

Al final pagué una fianza pequeña, pero no entendí por qué.

Nadie quiso explicármelo.

Con ese dinero pretendía comprarle un libro de Marlen Haushofer, que está demasiado caro.

Además, por acá, no lo encuentro en ningún sitio.

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