Sé lo que va a pasar en mis escritos porque los escribo luego de que los hechos ocurran.
Justo después, en ocasiones, pero siempre después.
La mayoría de ellos los escribo como si fuesen invenciones, o con una distancia que hace dudar que realmente correspondan –o se originen al menos- en hechos verdaderos.
Por lo general sumo o resto un personaje, por lo que a veces se nota que hay alguien de más en el lugar. O alguien que se intuye presente, pero no es nombrado.
Nada de esto es calculado, por cierto, pero así ocurre.
De hecho, a veces me sorprendo observando –y por eso luego lo escribo-, la forma en que algunos personajes salen de un lugar.
O sea, no es que me centre en escribir esa forma de abandonar un sitio, pero al leer lo que voy escribiendo veo irse al personaje, luego de lo cual introduzco uno o hasta dos, para intentar reemplazarlo.
Extrañamente, como tampoco termino centrándome en acciones muy concretas, todo se diluye en impresiones que pueden parecer bocetos de algo, cuando en realidad no lo son.
No hablo de técnica, por cierto, ni de calidad ni de estética, que son cosas que rehúyo.
Hablo de formas de abandonar un lugar y de formas de quedarse o reemplazar a los que parten, nada más.
Formas de sobrevivir, en resumen.
Sin grandes artificios.
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