lunes, 5 de enero de 2026

Miró tanto el sol.


Miró tanto el sol que se dio cuenta que era blanco.

Su primer impulso fue salir corriendo y contárselo a los demás, pero luego pensó que no iban a creerle.

Además, probablemente la retaran por dañarse la vista a partir de su comportamiento.

Ya le había pasado alguna vez en que se había quedado largo rato viendo de cerca una fogata.

En esa oportunidad había logrado diferenciar los tonos del fuego, y creyó descubrir que las llamas azules parecían tener gases dentro y se movían un poco distinto que las rojas.

Casi dos meses se había pasado en esa oportunidad viendo manchas de colores.

Sin contarle nunca a nadie sobre lo ocurrido, hasta que se recuperó.

Ahora, sin embargo, no había podido resistirse a mirar el sol.

Lo había hecho antes, también, descubriendo en él pequeñas manchas.

Y claro, no había sospechado que en el fondo emitía luz blanca, como notó en esta oportunidad.

Tal vez todo lo vemos mal, pensó mientras volvía a casa.

Como si viésemos por un filtro que en el fondo es distinto a lo que creemos.

Esa noche, mientras cenaban, había vuelto a ver manchas y tenía los ojos irritados.

-¿Estás cansada? –le preguntaron.

Ella contestó que sí, y aprovechó para irse a acostar antes que los otros.

Mientras descansaba la vista, en la oscuridad, escuchaba con atención al resto de su familia, que hablaba sobre distintos temas.

Ellos no saben lo que yo sé, se decía, mientras los escuchaba.

Estaba triste y seguía viendo manchas, incluso con los párpados cerrados.

Pasaron así varios minutos, hasta que la conversación de los otros llegó a su fin.

El sol es blanco, se dijo, antes de dormirse.

Quizá qué descubra, si me observo mejor a mí misma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores

Archivo del blog

Datos personales