Suelen decir que todo gran lago tiene un monstruo.
Así como el del lago Ness, por ejemplo, aunque no siempre a la misma escala.
Lo que coincide en general son algunas características: que el monstruo vive escondido, que no es clasificable dentro de especies conocidas y que hay enfrentamientos entre quienes están a favor o en contra de reconocer su existencia.
Luego, por supuesto, viene el asunto ese de la publicidad y la cantidad de revuelo que se le otorga a aquel monstruo.
En ocasiones, la misma gente de las cercanías del lago oculta su presencia, para no ahuyentar el turismo.
Y en otras, por supuesto, ocurre todo lo contrario.
Lo que no suele ocurrir, sin embargo, en prácticamente ningún caso, es que se hable del segundo monstruo.
Y es que este otro monstruo es sin duda más reservado y menos evidente.
Razón por la cual suele pasar más inadvertido.
A veces –muy rara vez en realidad-, su presencia es percibida y se piensa entonces que se trata del primer monstruo y se generan algunas contradicciones.
Yo, por cierto, estoy sin duda más interesado en ese segundo monstruo.
No sé si es más o menos monstruo que el primero, pero desde mi punto de vista es más digno de interés.
Además, cuando comienzas a buscarlo, el primer monstruo se hace tan evidente, que molesta.
Es como si tuvieses que pedirle que se aparte, para buscar, tras él, al segundo monstruo.
Así y todo, si llegas a ver o percibir a ese otro ser, existe un acuerdo tácito de no describirlo en lo absoluto.
Lo sabes de inmediato, de hecho, cuando de algún modo te encuentras frente a él.
Exactamente así -puedo afirmarlo-, es como ocurre.
Doy fe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario