I.
Sueño que me lo dice un barman.
¿Con éter o sin éter?, es lo que me dice.
Yo no sé bien a qué se refiere, pero al final le digo que me da igual, pero el barman se niega a servirme.
Exige una decisión.
Esto es clave, me dice.
Luego despierto.
II.
Ya despierto, comienzo a pensar algunas cosas.
Me cuesta en principio, pero luego ordeno mis ideas.
Hasta dónde sé –y guardando las proporciones-, Einstein también se complicó un poco con el asunto del éter.
Negándolo aparentemente, a partir del experimento de Michelson y Morley, aunque luego reconociendo que resultaba impensable un universo sin esta sustancia.
Es decir, más allá de lo práctico que resultaba dejar de lado el éter para hablar del desplazamiento de la luz y la relatividad especial, la existencia de un universo sin medio y sustancia parece también asustar y contradecir otra serie de creencias que resulta difícil abandonar.
La existencia del entorno, por ejemplo.
Luego de darle vueltas a todo esto, intento regresar al sueño.
III.
Regreso.
Tal vez me lo invento un poco, pero regreso al sueño.
En él, el barman tiene la cara borrosa y ya no me habla.
Nada se mueve, en el sueño, sin embargo.
Es decir, todo parece estar en reposo absoluto.
Tal vez no era yo el observador ni el observado, me digo, jugando un poco.
Así y todo, me esfuerzo por hablarle al barman y de contarle mi decisión.
De hecho, incluso me siento capacitado para explicarla.
Más allá de mis esfuerzos, todo sigue igual, en el sueño.
Mejor despierto, me digo.
Y lo hago.
Luego ingreso acá.
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