sábado, 27 de diciembre de 2025

Me siento frente al tv.


Me siento frente al tv.

Igual que lo hago siempre, más o menos a esta hora.

Me siento frente al tv, decía, pero esta vez no lo enciendo.

Lo miro fijamente, sin embargo, como si estuviese encendido.

Igual que siempre, en apariencia.

Lo miro de tal forma que lo fuerzo a que se pregunte qué ocurre.

Que se pregunte si me pasa algo raro.

O si concluye incluso que soy otro.

Lo miro fijo, decía, hasta obligarlo a ceder.

Así, tomo un vaso con agua, mientras lo observo.

De a sorbos, mientras me acomodo en el sillón.

Después de todo, esta es una tarea que puede tomar bastante tiempo.

Calculo, por cierto, que ya deben haber pasado más de cinco o seis minutos.

No tengo como comprobarlo, pero eso es lo que intuyo.

Cede, le digo al tv.

Acepta, simplemente, que algo ha cambiado.

Respiro hondo.

Vuelvo a acomodarme en el sillón.

Ojalá lo hagas pronto, le digo ahora, pues cuanto más te demores, mayor será la pérdida.

Sigo entonces, frente al tv.

Lo observo.

Ahora cuento en mi mente, mientras tanto, para calcular mejor el tiempo.

Sorpréndete, le digo.

Hoy no es igual que siempre.

Respiro hondo, para no alterarme.

Y en mi interior, me justifico.

Esta es mi manera de crear grietas, me digo.

Y de cambiar aquello que parecía inalterable.

Negra, la pantalla, finge que no comprende.

Guarda silencio intentando obligarme a que vuelva a ser el de siempre.

Veinte minutos.

Veinticinco.

Media hora, probablemente.

Ya es tiempo.

Algo me dice que ahora, sin duda, va a comenzar a preguntar.

Justo ahora.

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