lunes, 22 de diciembre de 2025

No es justo.


No es justo.

Lo digo como un hecho, esta vez, y no como un reclamo.

Nada es justo, comprendo, y eso es algo que está bien.

Antaño me quejaba, es cierto, e incluso me dolía, pero la vejez duele tanto que los otros dolores resultan irrisorios.

Y lo que no es justo pasa a ser tan superficial que a veces hasta dejas de percibirlo.

Así, por inercia principalmente, resulta que caes en un terreno tan tibio que adormece.

Y detienes entonces tus quejas, porque no saben ellas dónde ir y luego vienen de regreso, dando tumbos.

Desde lejos, más tarde, alguien que ha observado lo que ocurre dirá que eres bueno.

Y hablará de ti –o de lo que cree de ti-, pensando que está en lo cierto y que sus palabras te hacen bien.

Tú, en cambio, sabrás que poco comprende, pero elegirás no contradecirlo.

No es justo, pensarás entonces.

No es justo porque una comprensión así no puede dejar de ser errónea.

O parcial, al menos.

Y calificar cualquier tipo de conducta o actitud desde esa posición, como decía en un inicio, no me parece bien.

Así y todo, debo confesar que escucho atentamente las palabras que ellos dicen.

Las escucho y quedo atento a una grieta desde la cual poder hablar, para que sepan que estoy listo.

El diablo siempre viene cuando te portas bien, digo entonces.

Y aunque no sé a quién, lo repito luego, dos veces.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores

Archivo del blog

Datos personales