lunes, 15 de diciembre de 2025

Durante varios días.


Durante varios días vi a los niños cavando y pensé que jugaban.

Tenían expresiones serias, pero pensé que se trataba justamente de esos juegos serios, de niños.

Un día, de hecho, me acerqué a ellos y se los pregunté directamente:

¿A qué están jugando?, les pregunté.

Ellos se miraron entre sí y parecían desconfiados.

Tanto así que por un momento dejaron de parecerme niños.

Jugamos a los arqueólogos, dijeron.

Luego de una pausa, agregaron: Queremos encontrar un romano.

Sonreí al escucharlos y decidí no preguntar más.

De cualquier modo, debo reconocer que quedé intrigado sobre si el romano que nombraron era un adjetivo o un sustantivo.

Días después, decidí pasar junto a ellos, y preguntarles directamente.

De cualquier modo, como hablaron primero, no fue necesario.

Ya encontramos un romano, me dijeron, al descubrirme observándolos.

Yo asentí.

Quise preguntar algo más, pero simplemente asentí.

Ahora está dentro de casa, dijo uno de los chicos. Descubrió internet y no se ha despegado.

Volví a asentir.

Como la situación se volvía algo incómoda, busqué algo que decir y encontré esto:

Debe ser novedoso para él, después de todo, dije.

Tan lejos de su tierra y de su tiempo…

Los chicos se miraron, como decidiendo si continuar o no la conversación.

Él dice que sigue en Roma, dijo uno de los chicos.

Y que este sigue siendo su tiempo, agregó el otro.

Luego, como yo no decía nada más, se olvidaron de mí y siguieron en sus juegos.

Yo, por mi parte, me alejé unos pasos, y seguí con los míos.

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